Eliecer Urriola /Estudiante de Historia
Durante la década del veinte del siglo pasado los periódicos publicados en la ciudad de Panamá comenzaron a reproducir algunas columnas de opinión sobre la imagen que debía inspirar una mujer de la época, ya sea en el comportamiento, vestimenta, expresión corporal, entre otros aspectos.
Aunque en las primeras décadas de la República, durante los años en que la moral se veía atentada por la inmoralidad, en donde lo pervertido era considerado un desfase para las nuevas generaciones, generando un trago amargo para la sociedad del momento. Eso sin mencionar que el mundo estaba inmerso en campañas de liberación y de nuevas ideas, una de las cuales estaba inclinada sobre el papel de la mujer, dando como origen movimientos de féminas.
Este tema es abordado desde varios puntos contrastantes, y lo interesante es que, al acercarnos a nuevas formas de interpretación histórica, siempre podemos encontrar métodos distintos a los utilizados por los colegas académicos.
Entre los diarios que puedo mencionar; El Diario de Panamá, El Tiempo, Acción Comunal, Bombos y Palos, Don Sancho. Periódicos que en el imaginario no están contemplados para rescatar su aporte a la historiografía panameña; curiosamente en ellos podemos encontrar opiniones del poeta más olvidado, hasta el político más influyente.
Para mi sorpresa, en una columna del diario El Tiempo con fecha 23 de mayo de 1922, publicaba una pequeña reflexión: Andanzas de un observador, El sentido de la elegancia por José María Blázquez de Pedro, quien narra un poco, cómo dos mujeres expresaban su admiración por una señora que se paseaba por las calles de la localidad. Además, entre ellas manifestaban “Esa mujer siempre ha vestido muy bien”.
Por consiguiente, detalló cómo esta mujer, estando con algunas canas y varios nietos, no era forma de limitante para verse más joven de lo común, e incluso llamar la atención de otras damas. Lo más impactante del caso es que Blázquez de Pedro la siguió y admiró su forma de vestir.
“Las vestimentas que gasta esta señora cuestan poco; mas ella las avalora con su tino para combinarlas, con su maestría para comunicarlas esplendor y donaire, con su sensibilidad artística para llevarlas con garbosa gentileza. Por eso, al verla transitar por las calles, otras mujeres pueden afirmar con razón que “siempre ha vestido muy bien” Y por eso yo la tomo y la presento como un modelo de gustosa distinción”
Quizás tendrán la percepción que esta mujer tenía mucho dinero o que al menos hacia parte de la elite, por lo contrario; ella vestía de manera sencilla; “Nunca la he visto ataviada con sedas ni telas costosas” lo que sí es claro es que los colores combinados hicieron murmurar a todos.
En ocasiones, las opiniones generadas en estos espacios periodísticos no son tan conocidas, por el hecho de producirse una oleada de prensa en el siglo XX, dejando a un lado la conservación de periódicos pocos renombrados.