¿En Panamá hago lo que quiero y pago por lo que quiero?

Vie, 20/10/2023 - 18:15
Autor:

Carlos Iván Caballero G. /Periodista

No hace falta describir con detalle que en Panamá roban al pueblo sus riquezas y las autoridades no hacen nada por detener a los culpables.

Solo en los países, en los cuales los gobiernos son cómplices de estas empresas para que hurten y roben, se dan estos ataques al corazón de la soberanía de un pueblo que hace muy poco por luchar a favor de sus derechos.

La violación a la soberanía estatal no surge de la noche a la mañana, nace mediante acuerdos pactados que lleva tiempo establecer entre los políticos que manejan las riendas de un país, y empresarios que están dispuestos a poner cualquier cosa sobre la mesa, o debajo de ella; para exprimir hasta el último gramo de riqueza de un territorio al cual ambas partes le han puesto el ojo.

Los grandes explotadores de Panamá no se han establecido en el territorio nacional por medio de la fuerza. De ninguna manera, han adquirido estas tierras mediante las armas, y menos posicionarse en dicho territorio, porque es tomado como un botín de guerra.

Ellos han entrado a través de la firma de tratados, observe el caso Hay-Bunau Varilla, firmado el 18 de noviembre de 1903. Estableció las bases para que el gobierno estadounidense explotara a Panamá por más de un siglo.

Un plumazo hizo que el poderoso gobierno estadounidense clavara sus colmillos y se tragara las riquezas de un país débil y pequeño, que se revolcaba entre la pobreza y la insalubridad, mientras la población impotente observaba cómo este tiburón blanco devoraba todo.

La historia no ha cambiado mucho desde entonces, y hoy tenemos otra potencia económica con el irónico nombre de Minera Panamá, que desde 1996, y mediante otro plumazo desangra al país, de la misma manera que lo hace Nosferatu con sus víctimas.

Para la sociedad es tiempo que las autoridades competentes se levanten y pongan un alto a la trasnacional, que sin ningún reparo y ley que la ampare continúa extrayendo las riquezas de las entrañas de las tierras panameñas para sacarlas del país.

Es de suponer que la población panameña elige a los mandatarios para que gobiernen y conduzcan de manera correcta las riendas del Estado, sin embargo, esta esperanza siempre se disipa como el humo en el aire que se convierte en nada.

En los países que se ha obtenido verdadera independencia siempre la clase civil cansada de los abusos, emerge y toma el timón de un barco que navega sin rumbo, ¿Es posible que en Panamá suceda lo mismo?