Carmen Guevara C./ Fotos: cortesía del Dr. Alexis De La Cruz

Las turbiedades que se observan en el agua de consumo en la región de Azuero y el incumplimiento de las normas, Copanit 21 de 2019, motivaron que el doctor en Biología, Alexis De La Cruz, a título personal, emprendiera una investigación. El objetivo general trazado por De La Cruz, quien también es catedrático de la Escuela de Biología del Centro Regional Universitario de Azuero, fue detectar el protozoario llamado Cryptosporidium -microorganismo oportunista que ataca, principalmente, a las personas inmunes por el VIH Sida, niños menores de 5 años y personas ancianas-.

El parásito, que habita, tras las deficiencias que presentan los procesos de tratamientos del agua, sobre todo, por filtración, se asocia con la enfermedad llamada criptosporidiosis diarreica en seres humanos.
El científico explica al Semanario La Universidad que las plantas potabilizadoras de Chitré y Los Santos son viejas y tienen problemas de filtración.

La investigación incluyó evaluar las plantas potabilizadoras de Macaracas, La Villa de Los Santos - Rufina Alfaro- y Chitré. De la Cruz menciona que el estudiante Abel Sánchez de la Escuela de Biología, participa como evaluador invitado por el académico, para la toma de muestra en los lugares mencionados. Lo primero que se hizo fue evaluar la calidad del agua para consumo humano.
Entre los factores negativos encontrados menciona, fallos en los procesos de filtración y de desinfección con cloro. Esto implica que el protozoario puede estar en la red de distribución y llegar al grifo de la casa. La deficiencia representa un problema de salud y ocasiona brotes diarreicos.
De acuerdo con el especialista, debido a la detección de Cryptosporidium, es importante realizar laboratorios ambientales que vigilen la calidad del agua, lo que permite determinar la funcionabilidad de los sistemas de filtración de las plantas potabilizadoras.
Comenta que el brote con el parásito protozoario se ha reportado en otros países. El último caso grave ocurrió en 1993 en Estados Unidos, en la ciudad de Milwaukee, con un aproximado de 400 mil afectados.
El investigador aclara que este tipo de estudio es poco realizado. Recuerda que en 1995 cuando era estudiante de la Licenciatura en Biología hizo su tesis sobre este tema. En aquella oportunidad reportó el parásito en el agua de consumo humano en La Chorrera, Chitré, David, Chiriquí, Changuinola y Panamá Oeste. A raíz del estudio, el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) comenzó una vigilancia de este parásito, -antes de esa investigación no se hacía-.
De La Cruz sostiene que, los estudios sobre presencia de parásitos protozoarios en aguas son fundamentales para conocer a fondo la epidemiología de enfermedades que afectan a poblaciones humanas en diferentes zonas geográficas.
Con referencia a los métodos de concentración y detección menciona que se utilizan las técnicas tradicionales de filtración y moleculares. Estas técnicas de evaluación forman parte de la estrategia científica dirigida a evaluar la significación de microorganismos patógenos actuales y emergentes de interés para la salud pública.
Este parásito es resistente, es de obligatoria vigilancia, permite evaluar la calidad del agua. En Panamá ya se cuenta con la Norma Copanit 21 de 2019 (por la cual se aprueba el reglamento de tecnología de los alimentos, agua potable, definiciones y requisitos), acotó.
Una de las características del parásito, tras el hallazgo, es su resistencia a la cloración en 2.0 parte por millón.
Otro proceso importante realizado es el análisis de la prueba de jarra en la planta potabilizadora que va a determinar la condición de la aplicación de sulfato de aluminio o de dosificación adecuado para poder bajar las turbiedades.
De La Cruz señala que la turbiedad en las aguas para consumo supone un problema de mala calidad. Y ello significa que se corre el riesgo de que surjan brotes epidémicos de diarrea que puede afectar la salud de los moradores de esta parte de la geografía nacional. Manifiesta que su proyección es replicarlo en otras plantas potabilizadoras del país para tener una base de datos y diagnóstico actualizado del parásito Cryptosporidium que supone un problema en la industria del agua.
La citada etapa de la investigación ha sido financiada por la Universidad de Panamá y el Ministerio de Salud (Minsa).