Lesbia Arrocha Guevara /Directora de Extensión
Con la velocidad imparable de los avances de la ciencia en el siglo XX y XXI, la tecnología, la innovación y la robótica, la sociedad se apresta a interpretar y enfrentar sus efectos a escala global.
En este sentido, el tema ambiental es abordado de una manera crítica, porque existe una interacción indisoluble con lo social, donde las actividades antropogénicas alteran los ecosistemas.
Para comprender esta interdependencia y posibilitar el análisis crítico, se ha levantado la voz de la comunidad internacional, en 1972, la Conferencia sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo, Suecia, expuso la necesidad de revertir los daños de la pobreza en los países en desarrollo, en 1992, en Río de Janeiro, Brasil, enfocada en el manejo del medio ambiente y el desarrollo, formalizó el concepto de desarrollo sostenible.
En el año 1994, las NNUU, crea las Conferencias de las Partes o COP, que se constituye en el órgano máximo con capacidad de decisión sobre los problemas ambientales, entre las que se destacan, la primera COP en Berlín, Alemania en 1995, donde se trató el tema de la mitigación y adaptación al cambio climático y la COP-21 en París, Francia en 2015, donde se acordó disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero para regular la temperatura del planeta y recientemente, el año 2023, la COP-28 en Dubái, Emiratos Árabes, se insistió en abandonar los combustibles fósiles, sin embargo, estos compromisos no se han cumplido.
La pretensión y la insistencia de implementar el desarrollo sostenible, NNUU estableció indicadores para definir el grado de avance de los compromisos asumidos por cada país; en el año 2000 fue los Objetivos de Desarrollo del Milenio y para 2015, la Agenda 2030 o los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), que están en un desfase por causa de la pandemia.
En Panamá, no estamos al margen de la crisis ambiental al encontramos ante la disyuntiva de que debemos proteger nuestros recursos minerales y vetar todo intento violatorio de la Constitución Nacional en la extracción minera, por consiguiente, las luchas en las calles sustentaron que “no somos un país minero”; por otra parte, con el tema del gran activo financiero, el canal interoceánico, se debate el hecho del modelo del transitismo, lo que nos conduce a determinar que “sin canal no hay país o sin país no habrá canal”, al sostener que ante la creciente escasez relativa de tierra y agua, se avivan las tensiones sociales por los subsidios ambientales y sociales entregados por un alto costo social para la operación y funcionamiento del Canal. Esta situación crítica demanda construir un modelo de desarrollo nacional e inclusivo, que optimice la gestión pública mediante un plan fundamentado en la reorganización de nuestra naturaleza para el adecuado y sostenido desarrollo productivo del país.
Finalmente, para contribuir con la conciencia ambiental, la Universidad de Panamá, mediante Acuerdo No. 12-12, de 2012, hace obligatorio en el Núcleo Común la asignatura: Sociedad, Medio Ambiente y Desarrollo.