XV Congreso Internacional de Filosofía Intercultural

Vie, 12/07/2024 - 16:41
Autor:

Dr. José Manuel Fajardo S. Profesor auxiliar e investigador, Departamento de Filosofía, Universidad Nacional Autónoma de Honduras Profesor Visitante Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Coclé (2022-23)

 

Del 25 al 27 del pasado abril tuvo lugar en Santiago de Chile el XV Congreso de Filosofía Intercultural. Como ambientación al encuentro, uno de sus gestores, el doctor Raúl Fornet-Betancourt, ofreció unas palabras que ayudan a comprender el sentido de esta reunión. Antes de dar cuenta de estas ideas, citó la convocatoria del evento: “Uno de los conflictos centrales que sacuden la convivencia humana en el mundo de hoy es el conflicto entre pueblos y culturas que luchan por el respeto de sus territorios como órdenes de sentido y la expansión de una civilización capitalista y mecanicista que amenaza con destruir y reemplazar los muchos lugares de mundo de la humanidad por “espacios” para sus productos y estilos de vida. De este conflicto ha querido ocuparse el congreso para analizar sus causas y mostrar perspectivas de un mundo donde quepan todos y todas.”

El mencionado académico indicó que el tema del congreso no era algo foráneo o lejano a cada participante, ya que “toca” nuestras biografías. Por ende, la clave interpretativa apropiada es vernos a nosotros mismos desde el asunto propuesto pues somos los protagonistas del conflicto entre culturas, mundo y civilización; enfatizó a la vez que esto no es un asunto cualquiera, es de vida o muerte –al estilo de la dialéctica del amo y del esclavo de Hegel—ya que en el horizonte de la civilización mecanicista no está previsto un pacto de reciprocidad entre la ternura de la vida y la calculadora de la máquina.

Luego de esta idea base agregó que el conflicto planteado forma parte de un proceso desatado por la civilización capitalista y mecanicista, que marcha a escala global siguiendo su ideal de progreso; así, la misión hegemónica civilizadora posee una intensidad sumamente fuerte que interrumpe el flujo natural entre vida y territorio, especialmente a través de las implementaciones tecnológicas; ello conecta con la constatación de una fuerte polarización en distintos espacios, de tal manera que los seres humanos se sienten como extraños, como mendigos de lugar y de sentido en un mundo que debiese ser su hogar.

Para terminar, el orador se refirió al fondo de gratuita y originaria dignidad de lo real (previo a cualquier intervención humana), donde los humanos tenemos parte. Gracias a este elemento de dignidad, en nosotros pervive una fuente insobornable que no se deja corromper por el influjo de la constelación civilizatoria contemporánea. Y gracias a los seres humanos y comunidades que dan verdad desde sus lugares de compromiso en la dignidad, es que aún es posible vivir con esperanza.

He querido destacar esta significativa intervención inicial pues sirvió como telón conceptual de fondo a los ricos aportes que los participantes disfrutamos durante las jornadas del congreso.