Lecciones de comunicación al otro lado de la luna

Lun, 22/07/2024 - 17:07
Autor:

Rainer Tuñón C. - Director RRPP-UP/Foto: Apple Films

al otro lado de la luna

Cuentan las leyendas urbanas y las teorías conspiranoides que las misiones lunares fueron un montaje orquestado por los Estados Unidos y Hollywood se encargó, junto con Walt Disney, el escritor Arthur Clarke y el mítico director Stanley Kubrick, de hacer creer a miles de millones de televidentes el 20 de julio de 1969 que se dio “un pequeño paso para el hombre” y “un gran salto para la humanidad”.

La realidad es que el tercer evento más importante de la carrera espacial, después que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas lanzara el Sputnik y años más tarde llevara a Yuri Gagarin para liderar el primer vuelo tripulado hacia el espacio exterior, es definitivamente el aterrizaje del Apollo 11 en la luna.

El mundo fue testigo de esta enorme hazaña, pero detrás del hito y el mito, se efectuó una extraordinaria campaña de Relaciones Públicas y Mercadeo, que en el filme Fly me to the Moon, la revelan de una manera sencilla, con claves de comedia romántica y las estrellas Scarlett Johanson y Channing Tatum detrás de este interesante relato.

En la cinta, explican que la estrategia fue cuidadosamente hilada para captar la imaginación del mundo dada la mala experiencia del Apolo 1, la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, los cambios contraculturales en ese país y la rivalidad política entre las potencias por la competencia lunar que tenía como fecha límite el final de la década de los sesentas.

Así, el gobierno estadounidense inicia una campaña mediática global, utilizando todos los canales disponibles, desde los medios impresos, la radio y la televisión, junto con activaciones de marketing de marcas y productos en alianza con la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) para mostrar lo robusto del proyecto, así como eventos públicos, acciones de lobby y relacionamiento con senadores para aprobaciones de presupuesto.

En medio de todo este embrollo, se gestionaban comunicados de prensa que detallaban cada fase de la misión, una ambiciosa cobertura informativa con medios nacionales e internacionales y entrevistas exclusivas con astronautas y científicos para destacar el valor humano y científico del proyecto, el uso apropiado de talking points, las tácticas de comunicación y marketing de guerrilla para cubrir posibles fallas, mientras lidiaban en secreto con la implementación del Proyecto Artemisa, un complot para producir y televisar imágenes del alunizaje hechas en un estudio con el audio real de la misión Apollo 11 y las supersticiones de científicos que incluían la inesperada presencia de un gato negro en las instalaciones.

Si bien, la narrativa es entretenida y emocionante al mostrar cómo comunicar un evento que sea recordado como un triunfo para la humanidad, esta película vale su peso en oro por toda la bibliografía que habría devorado la guionista Rose Gilroy para darnos una lección de PR, basándose en materiales de toda índole, que van desde libros como Sunbusrt and Lumninary, de Don Eyles, sobre los inconvenientes al crear el módulo lunar hasta Marketing The Moon, de David Meerman Scott y Richard Jurek o la labor de Julian Scheer, como uno de los expertos relacionistas en esta gran historia.