El desafío académico del buen escribir

Vie, 11/10/2024 - 17:56
Autor:

Dr. José Manuel Fajardo S./ Profesor Visitante Universidad de Panamá/Centro Regional Universitario de Coclé

 

Invitado por el Centro de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Emprendimiento (Cidete) del Centro Regional Universitario de Coclé, iniciamos recién un proceso formativo centrado en una acción ordinaria, pero a la vez vital para todo miembro de una comunidad académica de nivel superior: escribir.

Explorando las motivaciones de los participantes para invertir tiempo en esta actividad, surgieron ideas interesantes que comparto a continuación, pues pueden estimular a otros pares académicos a perfeccionar su nivel de escritura.

Un primer motivo valioso para incrementar la capacidad de comunicación escrita viene de la oportunidad de compartir las vivencias singulares que ocurren en la vida personal.

En el libro titulado La conversación personal como camino en la investigación psicológica, el autor checo Inghard Langer, comenta cómo dentro las indagaciones del psicoterapeuta y psicólogo norteamericano Carl Rogers se concebía a las experiencias que tenemos en el día a día como una forma de creación de conocimiento.

El plasmar estos aprendizajes internos en un texto escrito y buscar medios de exponerlos privada o públicamente (cartas, artículos, comentarios en los mass media) es un modo de apoyar a otras personas, ofreciéndoles luces o pistas de cómo afrontar la vida desde sus diversas circunstancias.

Otro motivo alternativo para escribir, y ello apunta directamente a la labor docente, es la necesidad de ofrecer explicaciones para tareas académicas con precisión. Una cita bíblica refiere: Porque si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?, o sea, las indicaciones exactas preparan buenas ejecuciones.

La alusión bélica previa enlaza con la corrección en el escribir como “habilidad blanda”, ya que fue en los años setenta cuando el ejército estadounidense usó este término para referirse a capacidades transversales que caracterizaban a sus mejores tropas (como el liderazgo, la comunicación asertiva, el pensamiento crítico, etc.), contraponiéndolas a las “habilidades duras” como el manejo de maquinarias o equipos (dimensión puramente técnica).

Y un tercer elemento razonable para incentivar el manejo escrito es de carácter institucional. En el contexto de los procesos de acreditación, las universidades están insistiendo en que su personal debe transparentar sus iniciativas en la investigación, docencia y vinculación a través de informes sistemáticos que muestren las formas en que estas actividades se celebran dentro de la formación profesional de los estudiantes.

No tanto por vano cumplimiento, sino por dar testimonio saludable de lo que llena la cotidianeidad del académico comprometido. Ojalá que más grupos interesados en este entretenido aprendizaje se multipliquen tanto en Coclé como en el resto de Panamá, ya que el buen escribir es signo de excelencia personal, profesional e institucional