¡CANCER!

Vie, 25/10/2024 - 17:06
Autor:

Omar A. Joseph S./Relacionista Público

El diagnóstico suele ser devastador, por lo que supone la psiquis del paciente diagnosticado. Más que una enfermedad, es una condición de salud, así le dicen ahora. Para mí es un eufemismo para suavizar el impacto mental y emocional que sobreviene con él, indistintamente, es una sacudida emocional para el paciente y los suyos; el miedo como consecuencia lógica, la familia, empleo etc.

Pero, la determinación de enfrentar la “condición”, es fundamental para cumplir el rigor médico, para paso a paso ir sorteando los obstáculos, el respaldo de los suyos y, su implícito sacrificio al someter su rutina diaria al interruptor de la llamada condición.

Y esto es para aquel paciente que posee las condiciones mínimas que le exigirán esos avatares. Se imponen dietas, ejercicios, descansos, ingesta regular, el agua, abandonar muchos alimentos destructores -la mayoría que nos vende la industria- para acercarnos más al tipo de alimento que nuestros abuelos en el interior solían consumir (demostrando que los avances traen sus propias prisas) para dejar atrás todo aquello que nos venden sin descanso en los medios de comunicación, insinuando placeres, bienestar o estatus, empacados en tal o cual producto.

La alegría del buen vivir de esa bebida gaseosa de etiqueta roja y blanca cuyo contenido es negro, por dar un ejemplo popular- que va “muy bien” con las hamburguesas, y las pizzas, las papas fritas, con un buen ron, coctel, para después del deporte, el sexo, el estudio y otras tantas pendejadas.

La industria lo sabe, pero los gobiernos y las inmorales ONG´S hacen leyes para, por ejemplo, el manejo de los plásticos -en que viene el producto- pero no para la prohibición de la deliciosa cicuta y sus similares (y algunos medicamentos también).

Luego de que por décadas el consumo de estos venenos “trans” afectando lentamente la salud mundial, alterando genéticamente y a través de transferencia hereditaria, los cuerpos van sucumbiendo lentamente y de forma casi imperceptible ante el envenenamiento masivo, así el otro negocio prospera “la salud” a base de la creciente enfermedad. ¿Cura? La prevención. ¿Cómo? Pues, eliminando el producto, no evitando su consumo.

Si se prohíbe que lo demostrado es dañino para la salud, no hay que evitar que se consuma. Así todo lo nocivo para el hombre.

No con la receta hipócrita de las ONG´S y sus títeres gobernantes para perjudicar a todos los gobernados. Décadas tomaría recuperar el daño genético heredado. ¡Cáncer! Consecuencia de lo que somos.

Y, somos víctimas del consumismo, de la avaricia, del mercadeo absurdo en pro de la basura trans, de las transnacionales y de la tozudez de quienes por pensar diferente (a partir de la lógica intuitiva e inquieta nos atrevemos a preguntar ¿por qué?) nos tildan de “conspiranoicos”. Convirtiéndose en cómplices sin sospecharlo.