Rainer Tuñón C. /Director de Información y Relaciones Públicas de la UP
A sus 94 años, Clint Eastwood mantiene un tono y una voz poderosa en la narración de historias a través del cine. En lo que se ha planteado como su última película, el director de las ganadoras del Oscar Los imperdonables, Río místico y Golpes del destino, parece despedirse como los grandes, aportando un material lleno de profundas reflexiones éticas y morales a través del filme Jurado No. 2, que se estrenará en plataformas de streaming desde el próximo 20 de diciembre.
Su historia es sencilla. Un miembro de un jurado, en un juicio por homicidio, tiene un dilema enorme al darse cuenta que es muy probable que haya sido responsable por la muerte de la víctima del caso al cual fue seleccionado para decidir sobre la inocencia o culpabilidad de quien es procesado por este crimen.
A partir de esa premisa, y con un ritmo dosificado, pero efectivo, se presentan los hechos y las circunstancias que llevan al protagonista a influir en las decisiones de sus pares en ese proceso penal. Precisamente, como espectadores, nos adentramos en esos conflictos que se traducen en decir la verdad y someterse al rigor de la justicia o incidir en los criterios del jurado para que el presunto victimario obtenga una condena ejemplar.
El guion de Jonathan Abrams se desdobla y endereza entre las cargas emotivas de cada jurado, así como en las aspiraciones de la fiscal y el trabajo del abogado de oficio, y nos hace cuestionar sobre las densidades que se pueden considerar desde la aparente administración de justicia en donde las evidencias y el interés por la certeza del castigo parecieran importar más que la verdad.
Así, el elenco, efectivo en cada momento, va aportando al público su visión de humanidad desde la individualidad, cediendo ante un estado de incertidumbre desde el inicio hasta el minuto final de la cinta, cerrado con el toque maestro de un Clint Eastwood acostumbrado a dejar en el público la convicción de que a todos les llega su momento.
La dupla entre el protagonista, Nicolas Hoult, como el atribulado miembro del jurado, y Tony Colette en el rol de la fiscal (que se han reunido después de 22 años cuando hicieron aquella comedia dramática titulada Un gran chico), es la nota más alta en esta interesante historia judicial.
Jurado No. 2 es un drama legal minimalista, pero de factura oportuna, que mantiene un discurso poderoso sobre el valor de la justicia y la calidad del ser humano ante situaciones en donde se requiere ser íntegro y moral por el bien de todos en nuestra sociedad.