Abdel Fuentes C./Director del Semanario La Universidad
El alcance de la palabra año es amplio. Una de sus acepciones, de acuerdo con la definición del diccionario de la lengua española, alude al tiempo que tarda la Tierra en dar vuelta alrededor del Sol, cuyo período se prolonga por 365 días.
La enciclopedia libre, Wikipedia, contextualiza la explicación al citar el año juliano, introducido por Julio César en el año 46 a.C, como reforma del calendario romano y que empezó a regir, poco antes que Roma conquistara Egipto. Predominó en Roma, y posteriormente, en la mayor parte de Europa, de América y otros lugares. Esto fue así hasta ser sustituido progresivamente por el calendario gregoriano, promulgado en 1582 por el papa Gregorio XIII.
El anuario gregoriano es el modelo usado de forma oficial en casi todo el mundo. La enciclopedia consigna que surgió a partir de 2 estudios realizados por científicos de la Universidad de Salamanca, uno en 1515 y otro en 1578. Del primero se hizo caso omiso, y del segundo floreció el calendario gregoriano. Los imperios, español y portugués, fueron los primeros en utilizarlo, después, el resto de ese continente, con excepción del Reino de Gran Bretaña y sus colonias americanas, que lo adoptaron en 1752.
En la literatura hebraica y en las Biblias cristianas (Antiguo Testamento), el calendario designa meses, tiempo y fiestas. El inicio del año coincidía con el principio de la primavera, muy común en Medio Oriente -ver Exódo 12:2-, segundo libro de la Biblia.
Según el texto bíblico, el primer mes del año era Nisán, referido también como el mes de -Abib- primer mes del calendario hebreo bíblico, según describe Wikipedia. -Ver Exódo 13:4 y Deuteronomio 16:1-. Es un calendario lunisolar, basado en los ciclos solar y lunar (traslación de la Luna alrededor de la Tierra), inicia desde la salida de los hebreos de la esclavitud en Egipto. El calendario hebreo moderno es diferente. En este caso, el primer mes es Thisréi, que conmemora la creación del mundo. Conocido como el séptimo mes. Esto, de acuerdo con la numeración ordinal, similar al resto de meses del año hebreo en la Torá, -5 primeros libros de la Biblia hebrea- (Pentateuco).
La narración de Génesis, en contexto con el ordenamiento que hizo Yahveh -del tetagrámaton YHVH O YHWH, para referirse a Dios o el Señor-, durante la creación, alude a lumbreras en los cielos para separar el día de la noche y como señales para las estaciones, días y años.
Del acto creativo, el texto antiguo menciona un hecho revelador, que dicho ordenamiento surgió como efecto de un caos, que algunos especialistas y teólogos interpretan como el resultado de una rebelión que ocurrió en contra de la gobernanza divina (Isaías 14:12-14). Más allá de ello, sin teologizar mucho sobre esta idea, la palabra caos alude a un estado indefinido, vacío y desolado, que requería ser ordenado.
Del breve análisis de Génesis 1:1-2, quizá no sería anárquico contextualizar, hermenéuticamente, que el nuevo año nos permite considerar ordenar aquello que parece un caos a nuestro alrededor. Por qué no decir de nuestro mundo, inmediato o distante -ámbito global- Hoy las TICs permiten pasar de la inacción a los hechos.
Desde la mirada académica, formar el pensamiento y la conducta, más allá de retóricas filosóficas o pseudomoralistas, precisa hacer un llamado urgente a ordenar el caos de ideas que le imponen a jóvenes, y adultos. Desde los recintos académicos, virtuales o reales, promover desagregar el pensamiento único, representa rescatar el pensamiento crítico, indistintamente de la libertad de cada uno en escoger qué y cómo pensar. Porque cuando los pseudos, es decir, los falsos, rebasan lo realmente natural, biológico y científico, callar es sumarse al caos, en lugar de ordenar lo que está mal.