Espiritualidad universitaria

Vie, 24/01/2025 - 17:38
Autor:

Dr. José Manuel Fajardo S. /Profesor visitante UP CRUC

 

Al escuchar la palabra “espiritualidad” vienen a la mente imágenes asociadas al mundo religioso, o sea, asuntos de curas o monjas, y en un sentido más amplio, modos de relación con las divinidades de cada espectro religioso. Por ello, hablar de “espiritualidad universitaria” podría sonar como fuera de lugar pues aproxima elementos aparentemente disociados. Sin embargo, explorando el tema en el ámbito latinoamericano tenemos lemas como el de la Universidad Nacional Autónoma de México que reza así: “Por mi raza hablará el espíritu”. José Vasconcelos fue el creador de esta sentencia que figura en el escudo de la UNAM y se relaciona con la idea de la raza cósmica formada a partir del mestizaje. En su intención original la oración completa concluía con la expresión “Espíritu Santo”, pero debido a la atmósfera laicista del país el lema quedó cortado hasta la palabra espíritu, sin embargo, con ello logró sostenerse la idea de lo divino dentro del ideal universitario.

Otros lemas, como el de la Universidad de Panamá, “Hacia la Luz”, o el de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, “Lucem Aspicio”, que significa “Aspiro a la luz”, tienen unas connotaciones que apuntan a la luz del conocimiento, y en cierto modo, a la iluminación trascendente.

En cualquier caso, y meditando sobre el sentido de lo espiritual no clausurado en el rango religioso, se puede pensar que la espiritualidad alude a una dimensión antropológica relacionada con la capacidad de estar más allá del límite impuesto por la satisfacción de las necesidades vitales básicas (comer, dormir, trabajar, etc.) para ascender a una existencia cotidiana motivada y guiada por valores, es decir, por un arco axiológico de soporte para saber ser y estar en la realidad de modo humano y constructivo.

Cuando las actividades diarias no son alimentadas por alguna forma de espiritualidad, es decir, con sentido último de realización íntegra de cada persona, las acciones pueden ser eficientes y eficaces, o sea, alcanzan el objetivo práctico para el cual se ejecutan, pero dejan al sujeto con una sensación de vaciedad e incluso de infelicidad. ¿A qué se debe esto? Desde la filosofía intercultural es posible opinar que, debido a la influencia procedente de la modernidad actual, el ser humano olvida o no alimenta su vena espiritual, por lo cual su vocación vital queda supremamente reducida, dando como resultado un ser raquítico y sin entusiasmo. Es como una planta sembrada en un terreno no abonado, que podrá estar ahí simplemente, pero que no se desarrollará ni dará los frutos que potencialmente se esperarían de ella. De ahí que resulta imprescindible recuperar fuentes de espiritualidad, que, para una institución como la universidad, resultan esenciales en el cumplimiento de su visión y misión contemporáneas.