Rainer Tuñón / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

Babygirl es una expresión cariñosa que se ha utilizado para referirse a una mujer. Curiosamente, el término ha evolucionado. En la cultura pop actual, también se aplica a individuos que encarnan una masculinidad sensible y vulnerable, desafiando estereotipos de género tradicionales, y celebrando una nueva forma de ser masculino. En un artículo de Rolling Stone, se hace referencia a “un hombre muy cursi de una manera ligeramente sumisa".
La directora holandesa Halina Reijn plantea las relaciones de poder en las parejas con un drama erótico titulado Babygirl, que nos muestra a una poderosa ejecutiva de empresa (Nicole Kidman) iniciando una aventura infiel con un joven becario (Harris Dickinson). Ella, cautelosa y curiosa, disfruta de los fugaces e inusuales momentos de intimidad, dominación y sumisión, los cuales la hacen sentir liberada del yugo de un prolongado matrimonio insatisfactorio en lo sexual.
El filme explora una arriesgada mirada femenina sobre el deseo y las complejas ambigüedades del ejercicio del poder, retratando el cambio de roles entre la dominación y la sumisión aceptada en la búsqueda del placer. Pero, al mismo tiempo, presenta personajes antipáticos que trasladan sus peligrosas fantasías hacia un desenlace predecible, dejando la sensación de que el análisis de nuestras conductas e instintos es banal, incluyendo vislumbres de la agenda impuesta sobre la diversidad sexual.
En este terreno, propuestas como Bella de día de Luis Buñuel; El portero de noche de Liliana Cavani; La imagen de Radley Metzger; así como Maîtresse de Barbet Schroeder; El imperio de los sentidos de Nagisa Ōshima, Atracción Fatal, de Adrian Lyne, Llevados por el deseo, de Mike Nichols, Damage de Louis Malle, Match Point de Woody Allen o La pianista de Michael Haneke se convirtieron en sugestivos referentes sobre dinámicas de control y subordinación, cuyo lenguaje y narrativas lograron provocar horas de análisis y reflexiones entre sábanas y cafés. No tanto como Ojos bien cerrados de Stanley Kubrick; 50 sombras de Grey; Bliss de Lance Young; los dos volúmenes de Ninfomanía de Lars Von Trier o Infidelidad (en su versión original y en el remake).
Quizás, la versión que más se acerque a los juegos eróticos de esta cinta se proponga desde otro ángulo en la comedia dramática Secretaria de Steven Shainberg, con Maggie Gyllenhaal y James Spader. Sin embargo, el crédito de Babygirl lo tiene ganado Nicole Kidman, quien logra que la representación de los mitos y tabúes sexuales funcione con tensión y algo de humor, pinchando incómodas preguntas al desnudo.