El viaje del dolor oculto

Lun, 17/02/2025 - 18:22
Autor:

Rainer Tuñón C. /Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

el viaje del dolor oculto
Foto: Searchlight Pictures 

 

Enfrentar el dolor y la vulnerabilidad a través de ciertas experiencias de vida puede ser clave para sanar heridas internas que, en ocasiones, permanecen en nosotros sin que lo notemos. Así, el sufrimiento, tanto individual como colectivo, forma una parte inevitable de la experiencia humana, pero también puede ser un catalizador para el crecimiento personal y nuestras conexiones emocionales.

En el filme Un dolor real, acompañamos a dos primos (Jesse Eisenberg y Kieran Culkin) que se trasladan a Polonia para honrar la memoria de su abuela, sobreviviente del Holocausto, mientras reconectan recuerdos familiares y su vínculo como entrañables amigos.

La travesía, en medio de las visitas a sitios históricos y turísticos, poco a poco nos acerca a la confrontación emocional de ambos personajes que intentan encontrar una dirección correcta en sus vidas.

Por una parte, este drama dirigido por Eisenberg —el segundo en su filmografía— sitúa a los protagonistas en un examen sobre el pesar y la resiliencia que atravesaron las víctimas del Holocausto. Al mismo tiempo, como parte de la gira turística que realizan en Polonia junto a un grupo variado de acompañantes, repasan y procesan ese legado.

Por otra parte, el viaje también sirve como fermento para desvelar heridas abiertas y ciclos inconclusos entre un metódico hombre con trastorno obsesivo-compulsivo y su primo, desenfadado, cínico, impulsivo y libre pensante, quien, en realidad, oculta un profundo malestar psicológico cuya naturaleza no se identifica con claridad.

El recorrido por Polonia y el acercamiento a la memoria de su abuela parecen ofrecerles un sentido de identidad y pertenencia, lo que puede ayudar a encontrar respuestas para el futuro, más allá de las exigencias sociales y profesionales de lo cotidiano.

De hecho, ambos personajes, frágiles en sus respectivas crisis existenciales, despliegan capas del sufrimiento; sin embargo, ante la aparente normalidad, sus conflictos no encuentran resolución clara, aunque de alguna manera logran avanzar mientras refuerzan lazos afectivos y fraternos.

Se trata de un drama que genera cierta curiosidad sobre el tema de los desafíos psicológicos, con sutiles toques de humor, cuyas fortalezas residen en un guion complejo y desgarrador, escrito con un lenguaje sencillo y honesto por Eisenberg, y en la actuación de Culkin como el irreflexivo primo, que les ha valido sendas nominaciones al Óscar.

Al final, la conversación entre el público que ha visto esta pequeña y aleccionadora cinta sugiere una reflexión sobre el contraste entre el dolor que creemos experimentar y aquel sufrimiento que evitamos enfrentar.