Anthony Guevara/Secretario General de la Asociación de Estudiantes de Historia, dirigente social del MNE-PAT
En las últimas semanas, las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre “retomar el Canal de Panamá” han encendido las alarmas en nuestro país. Estas palabras representan una afrenta directa a nuestra soberanía y un recordatorio de que la lucha por la autodeterminación de Panamá sigue vigente. Ante esta amenaza, el movimiento estudiantil panameño ha alzado su voz, demostrando una vez más su papel histórico en la defensa de la patria.
La Federación de Estudiantes de la Universidad de Panamá, junto a agrupaciones como Pensamiento y Acción Transformadora y el Movimiento de la Juventud Popular, han liderado jornadas de lucha en las calles. Estas movilizaciones no solo responden a las declaraciones de Trump, sino también al asedio sistemático que ha sufrido la Universidad de Panamá, un bastión crítico y símbolo de resistencia en nuestra historia.
Sin embargo, la respuesta del Estado ha sido desproporcionada. El caso del subcomisionado Demetrio Martínez, quien agredió brutalmente a una estudiante durante una manifestación, es solo un ejemplo de la violencia ejercida por la Policía Nacional contra los jóvenes que defienden sus ideales. Este hecho evidencia la criminalización de la protesta y el ensañamiento contra la Universidad de Panamá, fundada por Octavio Méndez Pereira.
Mientras tanto, el país enfrenta graves problemas de inseguridad: altos niveles de criminalidad, pandillas, violencia y una de las tasas de homicidio más elevadas de la región. Según datos recientes, Panamá registra una tasa de homicidios que supera ampliamente el promedio regional. En lugar de priorizar la seguridad ciudadana, las autoridades han optado por reprimir a quienes exigen justicia y soberanía.
Frente a esta realidad, los movimientos estudiantiles mantenemos nuestro posicionamiento firme: defenderemos nuestra patria, nuestro territorio y nuestra soberanía. La historia nos ha enseñado que la lucha por la autodeterminación no es un camino fácil, pero es necesario.
Desde las gestas heroicas de los mártires de enero de 1964 hasta las movilizaciones actuales, los estudiantes hemos sido protagonistas en la construcción de un Panamá libre y soberano.
Las declaraciones de Trump no son solo una amenaza, sino un llamado a la acción. La defensa de la soberanía no es negociable, y los estudiantes panameños estamos dispuestos a dar la batalla, como lo hemos hecho históricamente. Soberanía o muerte no es solo un lema; es un compromiso con nuestra identidad, nuestra tierra y nuestro futuro.
La UP, como espacio de pensamiento crítico y resistencia, seguirá siendo el epicentro de esta lucha. Los jóvenes no solo defendemos nuestro presente, sino también el futuro de las próximas generaciones. No permitiremos que intereses extranjeros o la represión interna nos arrebaten lo que tanto nos ha costado conseguir.