Abdel Fuentes
Vale recordar, a propósito de la ejecución de Jesús, consumada por los romanos y la casta religiosa judía, un misterio del cristianismo, la teología de la resurrección.
Pablo, quien fue judío, y luego cristiano, en una de sus cartas, dirigida a una de las iglesias del primer siglo, recuerda la resurrección como un hecho entendido de su conversión. La idea la adoptó del mensaje que recibió del evangelio.
En la evocada epístola -1 de Corintios 15:3-8-, narra: Como algo de primordial importancia les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que fue resucitado al tercer día según las Escrituras, y que se apareció a Pedro, y luego a los doce. Después se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven todavía, aunque algunos han muerto. Luego se apareció a Jacobo (Santiago), más tarde a todos los apóstoles, y, por último, como a un abortivo -nacido fuera de tiempo-, se me apareció también a mí.
Aquella comunidad cristiana estaba localizada en Corinto, una ciudad originalmente griega, destruida, y posteriormente reconstruida por el Imperio Romano. En el año 44 a.C Julio César la refundó como colonia Romana, tal lo consigna Gordon Fee en su aporte documentario, Primera Epístola a los Corintios, traducción del original The New International Commentary on The New Testament.
La exégesis histórica anota la influencia griega y romana que permeaba en la población del istmo de Corinto en torno a lo social, cultural y religioso. El contexto es básico para comprender parte del contenido de estas cartas, escritas por Saulo a la citada iglesia, en particular, la primera misiva, que Fee concibe como la segunda. El objetivo era dirigirse a algunos de sus miembros en respuesta a diversos asuntos que afectaban a esa comunidad, vale rescatar lo concerniente a la teología de la resurrección. Algunos miembros -paganos- debido a sus actitudes y costumbres religiosas atentaban contra la estabilidad y unidad de la iglesia.
Pablo es contundente en cuanto al significado de la resurrección: Si los muertos no resucitan “comamos y bebamos que mañana moriremos”, 1 de Corintios 15:32b de la Biblia de Jerusalén y Nueva Versión Internacional. La Nueva Traducción Viviente varía la traducción, en el 32b, es un tanto más formal: Y si no hay resurrección, “comamos y bebamos que mañana moriremos”.
La resurrección no es una novedad de Pablo, fue anunciada por Jesús, quien presagió que sufriría, y sería rechazado por el liderazgo judío, con sus sacerdotes, maestros y especialistas de la Torá, quienes lo matarían, pero luego resucitaría.
Su resurrección fue confirmada por sus apóstoles, seguidores y extraños. Está documentada en los evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Cuando sus detractores le tentaban para que les diera una señal milagrosa les respondió: Solo una generación maligna y adúltera exigiría una señal milagrosa; pero la única que les daré será la señal del profeta Jonás. Así como Jonás estuvo en el vientre del gran pez durante tres días y tres noches, el Hijo del Hombre estará en el corazón de la tierra durante tres días y tres noches.
La teología neotestamentaria sostiene la resurrección en torno al dominio de Jesús sobre la muerte; diferencia entre cualquier filosofía esotérica o espiritual y el cristianismo.
Jesús resucitó para siempre, al margen de las recordaciones litúrgicas y religiosas.
En la resurrección de Jesús, descansa el evangelio, esperanza y fe del genuino cristianismo.