Abdel Fuentes C./Director del Semanario La Universidad
El Día Internacional del Trabajador conmemora la Huelga General de Chicago. El evento tuvo registro el 1 de mayo de 1886.
La demanda desencadenó en opresión, encarcelamiento, juicio y horca de dirigentes obreros. Los trabajadores exigían una jornada laboral reivindicativa de 8 horas, en lugar de 10 a 16 horas diarias, y 6 días a la semana.
Tres años después, en 1889, se establece el 1 de mayo en París, Francia. La conquista por un período laboral justo, que diera respiro al trabajador -ampliar las horas de descanso y libertad- tuvo sus antecedentes desde fines de los años 20 del siglo XIX.
Hoy todavía existen trabajadores que son explotados. Muchos por necesidad económica y subsistencia soportan los vejámenes de algunos empresarios. Esto no descalifica a los buenos patrones, solidarios y humanos.
Desde la academia es preciso recordar los eventos históricos acaecidos, con sus ruidos, aciertos y distorsiones, como suele ocurrir con una diversidad de sucesos.
La historia, vista sin la contextualización que implica estudiar y conocer los antecedentes, pierde valor si se mantiene en el pasado y no se vincula con el presente.
El desconocimiento y la desprotección que sufren hoy muchos trabajadores, se traduce en el abuso de las horas laborables que se les impone a su carga diaria y semanal de trabajo. Ello, retrotrae el pasado.
La ausencia de reconocimiento y ajuste salarial periódico implica imponer un modo de esclavitud que condena al asalariado a resignarse sin que los llamados a actuar, en representación del Estado, cumplan esa misión.
En los claustros de formación académica e intelectual, de una diversidad de disciplinas que se estudian en la academia, deben abrirse foros, de manera permanente, que sean factibles para el debate. El ejercicio cumpliría con una doble tarea, complementar saberes sobre los derechos laborales del discente y propiciar un genuino razonamiento crítico, más allá del trillado pensamiento crítico que parece haberse transformado en un cliché académico alejado de la realidad.