Carmen Guevara C.
Pertenezco a un privilegiado grupo de personas que tuvimos la oportunidad de vivir gran parte de nuestra niñez y juventud en parajes pequeños donde las salas de cine jugaron un papel central. Así se expresa la cinéfila Yolanda Bazán de Franco, docente de la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad (Faeco) y directora de Universidad - Empresa.
Viví hasta los 6 años en el edificio que alojaba la Funeraria Alvarado, muy cerca estaba el Parque de Santa Ana desde donde cruzando hacia la Avenida Central, al lado de la Concordia, estaba el Teatro Amador del cual recuerdo vívidamente que tenía pintado un cielo hermoso en el techo interno que parecía real.
A ese cine fui a ver con mis padres muchas películas y presencié tardes de bingo. Las salas de cine exhibían 2 películas, las cómicas animadas y las noticias, lo que significaba que la velada era de 4 horas, relata la cinéfila, Bazán de Franco.
El Teatro Variedades, que quedaba a pocos pasos de mi casa, pasó, al igual que el Teatro Amador, a convertirse en sala de cine. Allí fui a ver con mi familia la película que más me gustó y me impactó: “Lo que el viento se llevó” (Gone with the wind).
La doctora Bazán recuerda que en esa ocasión no se exhibieron 2 películas como era habitual porque estaba dividida en 2 partes y su proyección tomaba cerca de 4 horas. “Para mí eso fue lo primero que me gustó porque a mitad de la película hubo un alto y salimos a tomar la bebida más famosa de la ciudad: “el sifón” que se vendía únicamente en la Cafetería del Teatro Variedades”.
La cinéfila continua su relato:” Ya a mitad de la película y con mis solo 7 años estaba encantada con el precioso vestuario de las damas del Sur de los Estados Unidos: hermosos sombreros. Su ropa lucía muchos encajes y pronunciados escotes. Por supuesto que estaba muy impresionada y asustada por las cruentas batallas que se vivían. Yo no tenía un criterio formado para definir si los “buenos” eran los del ejército del Sur o los del Norte”.

Un par de años después me tocó, por gran suerte, vivir en la Calle Travesía del Chagres de Betania, justo al frente del Cine Savoy, que terminó de convertirme en cinéfila. La puerta lateral era custodiada por el Señor Berguido, un bombero jubilado, contratado para esos menesteres. Por aquellas casualidades de la vida, era el abuelo de mis vecinos y amigos de enfrente.
Todos los viernes y a diario, durante los meses de vacaciones de verano, íbamos gratis al cine porque apenas se apagaban las luces de la sala el señor Berguido nos dejaba entrar, siguiendo sus instrucciones, “en fila y agachados” a mis dos hermanos, a sus dos nietos y a mí. Éramos unos niños felices.
En Savoy vi por segunda vez, a la edad de 10 años, “Lo que el viento se llevó” y por supuesto que aprecié y valoré otras cosas aparte de los vestidos. Era una verdadera obra de arte.
La valentía de Scarlett O´Hara me impresionó, así como su habilidad para organizar y dirigir también me dejó huellas. No entendí su tenacidad con un amor imposible. Me percaté de la falta de carácter de Ashley así como del noble y desprendido corazón de Melanie, su esposa.
Salí prendada de la estampa de Rhett Butler, interpretado por Clark Gable. Lloré la muerte de Bonnie Blue, la bebé de Scarlett y Rhett. Años después entendí por qué el padre de la niña no logró perdonar a Scarlett y decidió abandonarla. Así como era de hermosa era ególatra, egoísta e interesada.
Según la web https.es wikipedia .org/wiki/ “Lo que el viento se llevó” data de 1939. Es una película estadounidense que se estrenó el 15 de diciembre de 1939 (en Atlanta). Género: épica histórica, drama romance.
La distribución le correspondió Metro-Goldwyn-Mayer y Selznick International. La recaudación en taquilla en los Estados Unidos superó los 400 millones 176 mil 459 dólares.