Rainer Tuñón/Director de Relaciones Públicas de la UP

En los años cincuenta y sesenta, los comediantes Lucille Ball y Desi Arnaz Jr. fundaron Desilu, la segunda productora de televisión independiente más grande de Estados Unidos. Ellos no solo dieron vida a la icónica Yo quiero a Lucy, sino que también impulsaron series como Los Intocables, Mannix, Star Trek y Misión Imposible, esta última creada por Bruce Geller e inspirada en el filme Topkapi, de Jules Dassin.
Misión Imposible se emitió por siete temporadas hasta 1973, regresó en los años ochenta con dos temporadas más, y desde 1996, Tom Cruise la reinventó como una de las sagas cinematográficas más exitosas del cine contemporáneo.
El concepto es simple y atemporal: un equipo de agentes encubiertos, conocido como Fuerza de Misiones Imposibles (IMF, por sus siglas en inglés), ejecuta sofisticadas operaciones para frustrar las amenazas de enemigos internacionales, organizaciones criminales y gobiernos hostiles.
Aunque Dan Briggs (Steven Hill) fue el primer líder del equipo en la televisión, Jim Phelps (Peter Graves) se consolidó como su rostro más emblemático, hasta que el cine lo transformó en antagonista y dio paso a Ethan Hunt, interpretado por un carismático Tom Cruise. Desde entonces, la saga no ha hecho más que escalar en espectacularidad y arriesgadas propuestas acrobáticas.
La música ha sido clave en su éxito. La inconfundible melodía de Lalo Schifrin, premiada con dos Grammy en 1968, se convirtió en uno de los temas más reconocibles del género de acción. Con más de 4 mil millones de dólares recaudados en taquilla global, la franquicia en la gran pantalla sigue batiendo récords.
El secreto de su longevidad está en una fórmula que combina el carisma de Cruise, sus acrobacias extremas y una narrativa que, bajo la visión de distintos directores —y recientemente, de forma más constante, en la pluma y dirección de Christopher McQuarrie (ganador del Oscar por el guion Los sospechosos de siempre, de Bryan Singer)—, logra renovarse sin perder su esencia y carácter.
Su última gran aventura, Misión Imposible: Sentencia Final, es una película de acción trepidante, ideal para los fieles seguidores de esta saga. A pesar de su duración, cercana a las tres horas, el ritmo se mantiene firme, aunque algunas escenas se sienten repetitivas, pero se justifican por la manera de conectar puntos de una historia que abarca tres décadas.
Este episodio cierra con eficacia un buen ciclo en el cine de acción, pero deja entreabierta la puerta para futuras misiones. Eso sí: para los amantes del buen espectáculo cinematográfico, esta película merece ser vista donde mejor se disfruta en una sala de cine.