Abdel Fuentes /Director del Semanario La Universidad
El temor y desasosiego que perciben servidores públicos administrativos de la Universidad de Panamá, profesores y docentes, frente al uso excesivo de la fuerza policial, refleja un componente de los hechos que no suele figurar en las agendas informativas de algunos medios, interlocutores del Gobierno y la denominada opinión pública.
Los testimonios de personas afectadas durante las acciones de represión que ejerce la Policía Nacional mediante el disparo indiscriminado de latas con gases lacrimógenos, ponen de relieve una realidad que podría transformarse en una desgracia de dimensiones peligrosas. La alusión es directa a la integridad física de seres humanos.
Las denuncias presentadas por autoridades universitarias en relación con el lanzamiento indiscriminado de gas lacrimógeno –con sustancias que provocan irritación ocular y comprometen las vías respiratorias superiores; que degeneran en tos, asfixia, debilidad en general, picazón e irritación severa en la piel-, forman parte del ambiente traumático que la Policía impone a administrativos y profesores.
Los relatos coinciden en términos de una acción indiscriminada. Es decir, injustificada y caprichosa, de los uniformados, tras obviar, pese a conocimiento a priori, que en el campus hay edificios donde trabajan personas, y que las sofisticadas armas disponen de un alcance a larga distancia que supera más de 500 metros por arriba de los edificios, de manera que esas latas llegan a romper ventanas y penetrar espacios, o hasta podrían golpear a personas, sin medir las consecuencias.
También están los testimonios de los daños que provocan en propiedad estatal como los laboratorios, oficinas administrativas y otros espacios de funcionamiento académico. De igual manera, autos de funcionarios cuyos costos lo debe asumir su propietario.
En junio de 2020 Amnistía Internacional publicó un documente sobre el comercio tóxico de gas lacrimógeno, que fomenta los abusos policiales en todo el mundo.
En otro escrito divulgado en febrero de 2021, el referido organismo reiteró que el constante uso indebido del gas lacrimógeno por la policía en todo el mundo es temerario y peligroso.
Las denuncias de los trabajadores de la Universidad de Panamá no representan el sollozo de un escenario circense que pareciese no tener ninguna trascendencia para quienes están detrás de estos actos de brutalidad, más bien deberían entenderse como una reclamación racional y justa en demanda de respeto por la integridad física de la familia universitaria.