Cambio cultural y educación

Vie, 22/08/2025 - 15:39
Autor:

Dr. José Manuel Fajardo S./ Profesor Visitante Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Coclé

 

“¿Qué es el infierno?” preguntó un docente al grupo de estudiantes universitarios, una joven respondió: “No tener wifi”. Esta breve respuesta es merecedora de un análisis pues refleja un cambio cultural radical, particularmente en las nuevas generaciones. Con esta intención, la Comisión de Reflexión e Investigación Ética del CRU de Coclé se encuentra analizando el texto “El educador y los desafíos de la postmodernidad”, escrito por el académico Dr. Francisco Beens en 1996.

A pesar de la distancia temporal, el escrito guarda potente actualidad. Presentaré tres de los argumentos discutidos, y concluiré con inquietudes consecuentes para el ámbito educativo.

La primera constatación es que estamos inmersos en un ambiente de incertidumbre donde los valores tradicionales han caducado y faltan referencias. O sea, no se observa un futuro alentador y sufrimos de una “ausencia comunicativa” que afecta a las familias y a las instituciones que usualmente forjaban valores como la escuela o la religión. Se respira y se siente un ambiente de intranquilidad general con vacío de horizontes.

Además de esta atmósfera de inquietud, hay una segunda tendencia: es el sentido “light”, es decir, la falta de compromiso y de ideales, ello toca particularmente la dimensión procreativa, donde los jóvenes no se ven con la capacidad de sustentar una familia o simplemente no quieren responsabilizarse en este sentido; hay desesperanza y esto también se manifiesta como indiferencia, ya que ante los hechos que “no afectan” directamente, se prefiere ver hacia otro lado o no darles mayor importancia. Hay poca solidaridad.

Un tercer fenómeno, es el contraste entre lo rural y lo urbano, donde los jóvenes del campo anhelan las ventajas de la modernidad urbana (al mismo tiempo que la gente urbana desea la tranquilidad del campo). En Coclé, esto ha sido estimulado especialmente por la influencia minera, que impulsó el trabajo asalariado, dejando a un lado el cultivo de la tierra y los modos de producción locales; ello hizo que las nuevas generaciones se concentraran solamente en los beneficios económicos próximos y olvidaran la herencia de conocimientos de sus mayores. Así, hay peligro en la voluntad de mantener tradiciones e identidad.

Tanto estos como otros argumentos del cambio cultural que afecta a Panamá y al resto de la región invitan a pensar en lo que podemos proponer como educadores, pues al parecer lo que hacemos en la actualidad ya no responde a lo que está emergiendo. Algunas preguntas pueden ser planteadas: ¿Cómo incidir positivamente en la transformación cultural? ¿Qué hacer con jóvenes estudiantes que no atienden a las propuestas valóricas tradicionales, como la exigencia académica o el rigor en la labor intelectual? ¿Qué pedagogía puede activarse para no ser superfluos en la actividad educativa cotidiana?