El reto de no traicionar la memoria

Vie, 05/09/2025 - 17:02
Autor:

Lic. Dionel Salazar / Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

La Universidad de Panamá, fundada en 1935, nació no solo como un centro académico, sino también como un espacio cultural y político, cuna de pensamiento crítico y luchas sociales. La conquista de la autonomía universitaria en 1946, tras la expulsión del catedrático Felipe Juan Escobar, consolidó la organización estudiantil y su participación activa en la vida nacional. Desde entonces, el movimiento estudiantil ha sido un actor decisivo: rechazó el Tratado Filós-Hines en 1947, defendió la educación en 1958 con la consigna “Más escuelas y menos cuarteles” y protagonizó en 1964 la gesta patriótica por la soberanía en la Zona del Canal.

Durante los años 90 y 2000, los estudiantes se opusieron a la privatización educativa y denunciaron la instalación del Centro Multilateral Antidrogas (CMA), demostrando que la universidad no se limita a las aulas, sino que refleja la conciencia crítica del país.

En 2023, la Coordinación Nacional de Estudiantes Universitarios, articulada por organizaciones como FER, MJP, PAT y GEL se movilizó contra la minería metálica, manteniendo un campamento en la universidad y trabajando junto a comunidades populares, consolidando un ejemplo de resistencia nacional.

Ese proceso abrió paso a una nueva etapa: la Coordinación se transformó en base para una alianza que en 2024 conquistó la Federación de Estudiantes de la Universidad de Panamá (FEUP). Esta victoria evidenció que la unidad estudiantil es posible, incluso después de años de divisiones internas. Sin embargo, el triunfo conlleva riesgos y responsabilidades. La formación de nuevos cuadros es urgente: la casi desaparición del movimiento estudiantil secundarista ha dejado un vacío generacional que amenaza la continuidad del liderazgo. Es necesario educar en teoría, ética y estrategia para evitar ciclos de desgaste.

Otro desafío es equilibrar la gestión institucional con la acción de calle. La administración de la FEUP es un logro, pero no puede convertirse en un fin en sí mismo; la representación estudiantil debe estar al servicio de las luchas sociales. Asimismo, reforzar la alianza con las comunidades es crucial: la experiencia de 2023 demostró que la incidencia crece cuando estudiantes y pueblo luchan juntos, consolidando legitimidad y sostenibilidad en la acción social.

Finalmente, el movimiento debe trascender la reacción ante coyunturas y construir una agenda estratégica de país. Temas como educación pública de calidad, democracia universitaria, soberanía nacional y justicia social requieren propuestas concretas y planificación a largo plazo. La Universidad de Panamá sigue siendo un semillero de futuro; el reto es transformar memoria en acción, indignación en propuesta y unidad en proyecto de nación. Solo así podrá continuar cumpliendo su papel histórico como LA CONCIENCIA CRÍTICA DE PANAMÁ.