Dra. Gladys Correa/ Unidad Integral de Calidad /Jefa de Docencia del ICASE
Cuando una institución cumple 90 años, no solo se celebra su historia: también se revisa con lupa cómo ha crecido, qué ha aportado y hacia dónde se dirige. Eso ocurre hoy con la Universidad de Panamá, fundada en 1935 y convertida desde entonces en el corazón del sistema de educación superior del país, aunque existan detractores que desean invisibilizar esta casa de estudio superior.
Pero más allá de los actos conmemorativos, hay un tema de fondo que atraviesa su aniversario: la acreditación institucional. ¿Qué significa y por qué es tan importante? En pocas palabras, es el “sello de garantía” que asegura que lo que se enseña, se investiga y se gestiona dentro de la universidad responde a estándares de calidad reconocidos, tanto en Panamá como fuera de sus fronteras.
La búsqueda de la calidad no se inventa ni se improvisa. Aunque hoy hablamos de acreditación con naturalidad, el tema no es reciente. Ya en la década de 1960, cuando la Universidad de Panamá apenas tenía 25 años, empezaron a gestarse procesos internos para evaluar la calidad educativa.
La idea era clara: adaptarse a las demandas de la sociedad y al mismo tiempo elevar el nivel de la educación superior. Ese esfuerzo tomó forma años después con la creación del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (CONEAUPA), organismo que puso por escrito lo que ya se venía trabajando: un sistema nacional para garantizar que las universidades cumplan con lo que prometen.
Surgen leyes, acuerdos y consensos entre universidades y en los 90 años de existencia de esta primera casa de estudios podemos señalar que, en 1996, la Universidad de Panamá aprobó su propio sistema de evaluación y acreditación, y en el año 2000 se sometió de manera voluntaria a un proceso internacional con el SICEVAES y el CSUCA.
Fue un gesto de valentía: abrirse al escrutinio externo para confirmar que iba por el camino correcto. Más tarde, surgió el Consejo de Rectores de Panamá, cuyo primer presidente fue el Dr. Gustavo García De Paredes. De allí nacieron planes estratégicos y leyes que fortalecieron la educación superior, hasta llegar a la Ley N.° 1059 de 2024, que creó el Consejo Nacional de Rectores de las Universidades Oficiales de Panamá. Hoy, bajo la rectoría del Dr. Eduardo Flores Castro, este organismo busca consolidar la investigación, la docencia y la autonomía universitaria.
Como parte de esta cultura de calidad que se fue gestando, en la vida diaria de la universidad la acreditación no es referirse solo a documentos y resoluciones. En la práctica, significa que los docentes reciben formación continua, que los administrativos se actualizan, que los programas académicos se revisan y que los estudiantes y egresados tienen voz en los procesos de mejora.
La Universidad de Panamá ha entendido que la calidad no se decreta: se construye. Y se construye entre todos, desde el profesor que prepara su clase, hasta el estudiante que participa en una encuesta de evaluación, pasando por los equipos que diseñan planes de estudio o gestionan proyectos de investigación.
Retos que no deben ser ignorados
Ahora bien, alcanzar la excelencia no es tarea sencilla. La Universidad de Panamá, como muchas instituciones de la región, enfrenta desafíos concretos:
• Recursos limitados, que dificultan invertir en tecnología, investigación e infraestructura.
• Necesidad de capacitación continua para docentes y personal administrativo.
• Consolidar la cultura de la evaluación, para que no se vea como un trámite, sino como un hábito. • Adaptarse a estándares internacionales, que garanticen el reconocimiento de los títulos.
• Fomentar la participación estudiantil, asegurando que su voz cuente en los procesos.
Superar estos retos no solo permitirá mantener la acreditación, sino también proyectar a la universidad con más fuerza en el ámbito internacional. Para concluir pensemos en un futuro que se construye hoy. La acreditación es, en esencia, un compromiso con la excelencia. No se trata de cumplir con un requisito burocrático, sino de ofrecer a los estudiantes y a la sociedad una educación de calidad, pertinente y con visión de futuro.
La Universidad de Panamá, al llegar a sus 90 años, reafirma su papel protagónico en el país. Su historia demuestra que la calidad es un camino que se recorre paso a paso, con perseverancia, apertura al cambio y voluntad de mejora. Y lo más importante: ese camino nunca termina, porque la educación de calidad siempre será una obra en construcción.
Nota: información recabada de documentos importantes que aportan a esta sistematización.