Omar A. Joseph /Relacionista Público /Fotos: conmebol.com / insidefifa.com

La Federación Internacional del Fútbol (FIFA), bajo el mandato de Jules Rimet, materializa un sueño que avista una centuria. La pregunta obligada es si ese sueño fue loco, genio, o visionario.
Concretado el anhelado proyecto, Uruguay fue seleccionada como sede. Ocurriría como celebración del centenario de independencia y por ser campeón olímpico.

Un numeroso grupo de selecciones europeas se negaron a viajar por el coste y la larga travesía en barco como “excusa” para rechazar la invitación al mundial.
Europa estaba en crisis -El Crack del 29, o Jueves Negro, fue la caída drástica de la Bolsa de Nueva York el 24 de octubre de 1929 - marcando el inicio de la Gran Depresión.
La competición redujo el número de participantes de 16 a 13. Los organizadores decidieron que los equipos se dividirían en 4 grupos, a través de un sistema de liga. El campeón de cada grupo clasificaría para la siguiente fase.
Finalmente, Francia, Bélgica, Yu-goslavia y Rumania asistieron a la cita en Montevideo. Francia lo hizo debido a la presión ejercida por Jules Rimet.
Los rumanos embarcaron en Italia junto a Rimet, el trofeo y los 3 árbitros europeos designados: Jean Langenus, Henri Christophe y Thomas Balway en el SS Conte Verde. El resto de árbitros fueron los uruguayos Ricardo Vallarino, Aníbal Tejada, Francisco Matteucci y Domingo Lombardi; el argentino José Macias, el brasileño Gilberto de Almeida Rêgo, el boliviano Ulises Saucedo y el chileno Alberto Warnken.
En total, 8 países suramericanos aceptaron la invitación; Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú. Uruguay pagó todos los gastos. Curiosamente, el sorteo para definirlos se hizo cuando todos los participantes desembarcaron en tierra uruguaya. Esto se debió a que era importante tener absoluta seguridad de que todos los conjuntos sorteados participarían en el Mundial. Además, se quiso garantizar que ninguno de ellos renunciase a competir en el último momento si el sorteo no les era favorable.

El Estadio Centenario fue oficialmente inaugurado el sexto día de competición y a partir de ese momento todos los partidos se jugaron en dicho coliseo.
Los primeros 2 encuentros en la historia de la Copa Mundial tuvieron lugar simultáneamente el 13 de julio, fecha en la que Estados Unidos se impuso a Bélgica por 3-0, mientras que Francia superó a México por 4-1. El primer tanto fue anotado por el jugador francés Lucien Laurent en el minuto 19 del partido en que su país le ganó a México por 4 a 1.
Uno de estos partidos se jugó en el Estadio Gran Parque Central, considerado un monumento histórico.
En la final, Uruguay venció a Argentina 4 goles por 2. Como hecho curioso, el primer tiempo se jugó con una pelota argentina y el segundo con una uruguaya. No hubo partido por el tercer puesto.
El Trofeo de la Copa Mundial Copa Jules Rimet (1930-1970) fue diseñado por el francés Abel Lafleur. Era de oro sólido y representaba a la diosa alada de la victoria (Nike) sosteniendo una copa octogonal. Medía 35 cm y pesaba 3.8 kg. Su nombre original era «Coupe du Monde», pero se renombró en 1946 en honor al entonces presidente de la FIFA y fundador del torneo. Según la biblioteca en línea, Wikipedia, la regla establecía que la primera selección en ganarla 3 veces se quedaría con ella para siempre. Brasil lo logró en 1970.
“La Máquina Celeste”, selección llamada a ser la mejor, no había duda. Uruguay era el coloso favorito. Anfitrión, bicampeón olímpico y con una moral de acero. Su equipo era una mezcla de talento bruto y garra charrúa.
Fifa.com, en Historia de los Mundiales, da fe de que en la portería estuvo Enrique Ballestero. En defensa, la roca José Nasazzi, el primer gran capitán de la historia mundialista. Y en ataque, la magia de Pedro Cea y Héctor Scarone. Pero si había un nombre que resonaba con fuerza era el de José Leandro Andrade, el “Maravilla Negra”.

La sorpresa fue el milagro yankee y el furioso ataque yugoslavo. Si Uruguay cumplió, la gran sorpresa vino de donde menos se esperaba, Estados Unidos. Un equipo de auténticos amateurs, compuesto por trabajadores, estudiantes y un par de jugadores escoceses e ingleses naturalizados (como el goleador Bert Patenaude), que arrasó en su grupo. Con un físico portentoso y un juego directo y potente, barrieron a Bélgica 3 por 0 y a Paraguay, también 3 a 0. Dejaron una huella imborrable. Hoy se le reconoce a Patenaude el primer hat-trick de la historia de los Mundiales.
La otra sorpresa fue Yugoslavia. La única selección europea que realmente brilló. Eliminó a Brasil en su primer partido. El mejor jugador, El “filtrador” de pases y el goleador inesperado. No hubo un premio oficial al mejor jugador en 1930, pero el consenso histórico señala a 2 figuras: José Nasazzi, el capitán uruguayo. Sin embargo, la figura más deslumbrante en el campo fue el argentino José Manuel “El Charro” Moreno, aunque un nombre se llevó todos los honores goleadores, Guillermo Stábile.

Con Uruguay arrancó la gran carrera en el olimpo del fútbol. Los titanes, los estrategas, los templos hechos césped, el poder del marketing.
En el segundo Mundial imperó un ambiente hostil y tenso. Y, en el tercero, se aproximaba la Segunda Guerra Mundial. En el próximo relato sabremos cómo inició un ciclo sobre la clasificación al Mundial.