Abdel Fuentes /Director de El Semanario La Universidad
El festejo y conmemoración que ciñe a la primera universidad del país durante estos días, implica referir un abundante conjunto de datos trascendentes. Entre los muchos, sus orígenes y transformación, pero también las batallas libradas y los ataques de sus más obstinados vituperadores.
Del documento denominado Universidad de Panamá, Orígenes y Evolución, convoco algunos párrafos del capítulo VII intitulado Universidad Nacional de Panamá.
“El 7 de octubre de 1935, en horas de la noche, se inaugura la Universidad Nacional de Panamá en el Aula Máxima del Instituto Nacional. En el acto solemne, en presencia del cuerpo diplomático, de delegaciones de las universidades de la Habana, San Marcos y Salamanca, de profesores y estudiantes, se encuentra el presidente Harmodio Arias Madrid, el Secretario de Instrucción Pública, José Pezet, y el primer rector designado, Octavio Méndez Pereira.
El doctor Harmodio Arias Madrid, entre otras cosas, dice: “Es natural, y así debemos esperarlo quienes no estamos acostumbrados a abandonar el plano de la realidad para perdernos en los espejismos de la quimera, que la vida de la universidad será al principio ardua y tropezará con los obstáculos y con la resistencia de toda actividad que se inicia.
No faltarán los pesimistas que le augurarán corta vida por considerar que la República de Panamá, resulta pequeño asiento para una obra cuyas proyecciones deben ser y serán de vasta magnitud; no faltarán los apasionados que por esta estrechez de miras que produce el ofuscamiento aún en ciertos ánimos bien cultivados, le atribuirán una función muy limitada a este templo de ciencia que, aunque modesto, aspira y llegará sin dudas a fines amplios y de elevada trascendencia”.
Por su parte, el doctor Octavio Méndez Pereira se expresa de la siguiente manera:
“Esta Universidad, pues, si ha de ser como yo la he soñado, exaltará el espíritu de cultura y lo pondrá en fervor constante de pensamiento y acción. Nace para ello llena de idealismo vital, como poder espiritual y poder práctico con el pie puesto en las realidades, con la espalda vuelta hacia el pasado y la faz descubierta al porvenir, en la línea de encuentro de dos civilizaciones, en donde ha de fundirse una nacionalidad de compleja estructura, acaso una democracia nueva, producto de las más intensas germinaciones de tolerancias y comprensiones”.
La frase “guarida de terroristas”, que encabezó la información de un diario local en marzo de este año, configura un indudable agravio, no solo a la «institucionalidad» de este centro de formación superior, sino a la Universidad de Panamá y a toda su familia, que ha pasado por sus recintos desde el 7 de octubre de 1935 hasta nuestros días.
Los actos agresivos contra la Casa de Méndez Pereira, no se restringen a una administración en particular, se vienen gestando años después de su fundación.
El doctor Olmedo Beluche, en una de sus publicaciones, recuerda que la primera intervención ocurrió en 1943, cuando el presidente Ricardo A. De La Guardia ordenó la destitución del profesor Juan Felipe Escobar porque le negó el saludo. El suceso provocó la reacción de estudiantes, que posteriormente desencadenó en la creación de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) “y que lograría los primeros atisbos de autonomía y cogobierno, aunque no se alcanzó la restitución del docente”.
En estos días de remembranza y festividad, testigos históricos y contemporáneos, dan fe de la misión de la primera universidad del país, al margen de sus detractores, desvinculados de su naturaleza, y de lo que implica la lucha, que, por generaciones, la Universidad de Panamá ha protagonizado a favor de la soberanía y la identidad nacional.