Rommel Escarreola Palacios / Profesor de la Facultad de Humanidades

La Universidad de Panamá, alma máter del saber público y símbolo de la autonomía intelectual de nuestro país, desde su fundación en 1935, ha representado el anhelo de un pueblo por alcanzar la justicia social a través del conocimiento.
En sus aulas se han forjado generaciones de profesionales que han contribuido al progreso nacional, y también han defendido con valentía los principios de libertad, democracia y equidad.
No es simplemente un recinto académico; es un espacio de conciencia nacional que late con el pulso de la historia. Ha sido testigo y protagonista de las grandes luchas sociales del siglo XX y XXI.
Hoy, más que nunca, debemos reafirmar su misión: formar ciudadanos críticos, éticos y solidarios, capaces de transformar la realidad panameña con conocimiento, compromiso y sensibilidad humana. Es por ello, que Méndez Pereira afirmó lo siguiente: “Panamá hasta ahora ha sido tomada como un medio egoísmo y estrecho en derribar la vida de un Estado: Tal es el ejemplo de Moscote y Duncan.
Méndez Pereira no solo fue el fundador de la Universidad de Panamá; fue, ante todo, un humanista y patriota convencido de que el conocimiento debía ponerse al servicio del pueblo panameño.
En su ideario, la universidad no podía ser un templo cerrado ni un privilegio de unos pocos, sino una institución viva, comprometida con la transformación nacional y la justicia social.
Gracias a su liderazgo y visión, la Universidad de Panamá nació como un proyecto de nación, destinado a formar no solo profesionales, sino también ciudadanos comprometidos con la verdad, la equidad y el progreso.
Bajo su rectorado se consolidaron los principios que aún sustentan nuestra labor: la autonomía universitaria, la libertad de pensamiento y el compromiso ético con el país.
Hoy, al mirar hacia el futuro, debemos reafirmar su legado. En un mundo globalizado, marcado por la incertidumbre y la desigualdad, la Universidad de Panamá tiene el deber de seguir siendo ese espacio donde convergen la ciencia, la cultura y la conciencia crítica.
Que su ejemplo nos inspire a continuar construyendo una universidad inclusiva, democrática y transformadora, fiel a su lema eterno: “Hacia la luz”.
Que esta universidad continúe siendo la casa de todos los panameños, abierta a la diversidad, a la innovación y al pensamiento libre. Que su lema —“Hacia la Luz y la Verdad”— siga guiando nuestras acciones cotidianas, recordándonos que solo la educación emancipa verdaderamente a los pueblos.
A los estudiantes, los invito a no conformarse con recibir conocimiento, sino a producirlo, a cuestionar, a debatir y a soñar con una patria más justa.
A los docentes, les reconozco su entrega silenciosa, su papel de guías en la formación del pensamiento crítico.