Omar Joseph

Tras 12 años sin la copa del mundo debido a la II Guerra Mundial, Brasil se convirtió en la sede en 1950.
Durante la Segunda Guerra, el vicepresidente de la FIFA, el italiano Ottorino Barassi, se dio a la tarea de ocultar el trofeo de la Copa Mundial en una caja de zapatos, debajo de una cama, evitando que cayera en manos del ejército de ocupación. Al respecto, la web del diario AS de México en su publicación del 22 de octubre de 1922 recoge datos históricos sobre los detalles de lo ocurrido.

Al coronarse bicampeona en 1938, y como parte del rigor establecido por la FIFA, Italia debía cuidar el trofeo. Medio año después estallaría la Segunda Guerra Mundial. El Vicepresidente de la FIFA había tomado la histórica responsabilidad de resguardar el trofeo.
Cuando los nazis, específicamente los miembros de la Gestapo, invaden su casa, lo interrogan por el trofeo. Barassi alegó desconocer su paradero. Su reacción fue decir que quizá los otros federativos la habían movido a otro sitio.
Terminó la guerra y la copa fue protegida por otros actores hasta su reaparición en Brasil. Lo registrado puede interpretarse como el simbolismo del trofeo y su valor histórico. Todos pusieron en riesgo su libertad y hasta su vida, pues el trofeo se podía muy bien replicar.

En Brasil 1950, 6 coliseos verían el transcurrir de los encuentros. Estrenó, uno de los estadios más grandes y emblemáticos de la historia del fútbol hasta la actualidad; el Maracaná, en Río de Janeiro. Trece selecciones se dieron cita al magno evento, tras varias deserciones. No hubo final, pero sí, una ronda de 4 equipos, una liguilla (todos contra todos), formato utilizado en ese Mundial.
India se retiró porque la FIFA no admitía que los jugadores se presentaran descalzos a la cancha. En el caso de Argentina, según una información publicada el 18 de enero de 2023 en el diario La Nación de Argentina la selección no acudió a la cita mundialista debido a una huelga o protesta en la que los jugadores argentinos reclamaban una serie de prerrogativas, como vacaciones, salarios entre otros.
Tras esa decisión, surgieron muchas especulaciones como las posibles enemistades y rivalidades deportivas irreconciliables. Juan Domingo Perón fue señalado como uno de los posibles casos de la no participación de Argentina en el mundial 1950.
La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) declinó su participación. Asimismo, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Bulgaria, Albania y Alemania Oriental. Yugoslavia fue la única nación de Europa del Este que compitió en el mundial de 1950.

El goleador del torneo con 8 tantos fue el brasileño Ademir de Menezes, y el héroe, Alcides Ghiggia, de Uruguay, tras el gol marcado en la final, precisamente ante la deslumbrante Brasil y su “jogo Bonito” en un partido que detuvo el sonido, un absoluto silencio que enmudeció el estadio y pareció hacerlo con todo un país. El gol del “Maracanazo”.

En ese año, por primera vez, se utilizaron números en los dorsales de los suéteres, Ademir usó el 9 como artillero y Ghiggia el 7.
Moacir Barbosa sería “el villano” del torneo, el arquero del Brasileiráo (campeonato brasileño) quien tras el gol sufrido en el “Maracanazo” es recordado como el arquero maldito, mote que llevó hasta el día que murió en el 2000. El rechazo y vituperio sobre él era tan severo que no se le permitía entrar en los camerinos de la selección porque aseguraban que traía mala suerte. También fue el primer portero en usar suéter manga cortas.

El “Negro Jefe” Obdulio Varela, el capitán de la Charrúa, campeona, fue el hombre clave del Uruguay. Dijo: “los de afuera son de palo y en campo seremos once contra once” se convirtió en leyenda del fútbol.
Cerca de 200 mil personas, que representaban el 10% de la población de la ciudad Río de Janeiro de la época, acudieron al Maracaná para presenciar el partido decisivo contra Uruguay.
Récord de asistencia
El partido final entre Brasil y Uruguay registró la mayor asistencia oficial a un partido de la Copa del Mundo. Se estima que hubo más de 200,000 mil aficionados extra oficialmente.
Maracanazo sería uno de los eventos más recordados de la historia del fútbol, aquel 16 de julio de 1950. Uruguay sería vencedora para sorpresa de los espectadores.
Las gradas se tornaron en una fiesta brasileña que, con el empate, serían los campeones de “la liguilla” mundialista. Era el anfitrión favorito a ganar, pero fue sorprendido en el minuto 79.
El presidente de la FIFA, Jules Rimet, entregó el trofeo al capitán de Uruguay, con un apretón de mano, no hubo discurso.

Brasil desarrolló su propio balón “Superball Duplo T” balón sin tiento. (cordón de cuero que cerraba el balón). Para ese campeonato, la FIFA anunció una lista de 27 árbitros, 11 europeos y 3 suramericanos, quienes fueron los responsables de dirigir los encuentros. Aún no existían criterios unificados, los europeos tenían permisibilidad variada.
Los británicos eran de mayor contacto, el resto de Europa no, así también los suramericanos. Por ello, la FIFA formó a los colegiados para unificar criterios y a modo de seminario en Río de Janeiro, dirigido por el árbitro George Reader.