Rainer Tuñón C. / Director de RR.PP

La no monogamia consensuada es una forma de relación afectiva o sexual en la que las personas involucradas aceptan y acuerdan mantener vínculos románticos o encuentros sexuales con otras personas, dentro de una dinámica de “pareja estable y socialmente abierta”. En este modelo, las parejas sostienen un lazo principal, pero permiten experiencias fuera de la relación formal, siempre bajo el principio del consentimiento y la transparencia.
Los investigadores del Kinsey Institute, Rhonda Balzarini y Justin Lehmiller, sostienen que “la no monogamia consensual desafía el dominio cultural de la monogamia sin socavar necesariamente el compromiso relacional”. No obstante, advierten que el estigma social que rodea estas prácticas las hace percibir como relaciones “menos serias” o “inestables”, generando tensiones entre el deseo de libertad y la necesidad de reconocimiento social.
En este contexto, los guionistas Michael Angelo Covino y Kyle Marvin exploran los límites de las relaciones abiertas en la comedia dramática Splitsville, protagonizada por Adria Arjona y Dakota Johnson, junto a los propios Covino y Marvin.
La película narra la historia de una pareja en crisis, precipitada cuando la esposa solicita el divorcio. El marido busca refugio en su mejor amigo y en la esposa de éste, quienes aseguran que el secreto de su estabilidad conyugal ha sido practicar un matrimonio abierto.
Esta revelación desencadena una serie de romances cruzados, engaños, resentimientos y emociones desbordadas que obligan a los cuatro protagonistas a cuestionar sus ideas sobre la felicidad y el amor.
Aunque la ruptura inicial marca el eje del relato, el verdadero conflicto surge cuando las normas tradicionales de pareja se fracturan. Covino y Marvin muestran cómo la aparente madurez emocional que sostiene a la relación abierta se tambalea ante los impulsos, los celos y las inseguridades no resueltas.
Así, la película evidencia que la no monogamia, lejos de ser una fórmula liberadora automática, exige un alto grado de autoconocimiento, comunicación y gestión emocional.
La culpa, el deseo, la competencia afectiva y los golpes al ego se distribuyen equitativamente entre los personajes, revelando la fragilidad del equilibrio que intentan sostener.
Si bien el guion aborda temas complejos, abusa a ratos de la comedia física y de la exageración visual para provocar reacciones inmediatas, restando sutileza a los dilemas psicológicos que plantea. No obstante, Splitsville logra poner sobre la mesa el paradigma del matrimonio libre, para luego desnudar los vacíos y contradicciones que esta idealización puede esconder. En última instancia, sugiere que el problema no radica en el modelo relacional elegido, sino en la incapacidad de las parejas para dialogar con honestidad sobre sus deseos y límites.
El argumento encuentra un eco lejano en Bob, Carol, Ted & Alice (1969), de Paul Mazursky, donde una pareja californiana experimenta con la apertura sexual e involucra a sus amigos en un juego de emociones que termina cuestionando la autenticidad de su liberación.
En definitiva, el tema central de Splitsville no es cómo deben configurarse las relaciones amorosas, sino cómo se gestiona la comunicación dentro de ellas. Más que un alegato a favor o en contra de la no monogamia, la película se convierte en una reflexión sobre la necesidad de equilibrio entre deseo, honestidad, compromiso y comprensión mutua. Al final, la lección es clara: las relaciones no fracasan por abrirse o cerrarse, sino por el silencio ante lo básico y esencial.