Abdel V. Fuentes C. /Director del Semanario La Universidad
En Panamá el 13 de noviembre es fecha memorable. Evoca el reconocimiento que se le hace al poeta, periodista y escritor, Gaspar Octavio Hernández, tras su desaparición física, que tuvo registro hace 107 años. Y, reconoce la labor que realizan los profesionales de tan complicada profesión.
Es precisa la simbiosis entre los últimos caracteres mecanografiados por Gaspar Octavio Hernández, con un sentimiento legítimo de nacionalidad. Y ello se valida a través del reclamo oportuno que hizo en su último editorial de La Estrella de Panamá, el 13 de noviembre de 1918, cuando delató la ausencia de banderas en la oficinas públicas y privadas del país.
Cito un fragmento del discurso que pronuncié hace 10 años en el Cementerio Amador en ocasión de esta memorable fecha: “Pese a que nuestra separación de Colombia el 3 de noviembre de 1903 estuvo inspirada por los intereses expansionistas de los Estados Unidos y la codicia de empresarios, panameños y extranjeros, como en su momento lo expusieron Óscar Terán y Ovidio Díaz, no por ello el Cisne Negro abandonó el fervor que inspiraba su poesía y texto en defensa de nuestra identidad nacional”.
Vincular la identidad nacional, a propósito del período que denominamos “Mes de la Patria”, alude, básicamente a dos conceptos: nación y procedencia. De ahí, que concebir el nacionalismo, no solo pasa por una recordación simbólica, también por identificar conductas que reniegan de nuestra identidad nacional, lo cual impele preocuparnos por rescatar un nacionalismo genuino.
El periodismo como servicio público demanda hacer una mirada crítica sobre hechos que pasan desapercibidos, como aquellas conductas que alejan al nacional de un genuino fervor patriótico. Verbigracia, sepultar y reemplazar costumbres que identifican al panameño, por hospedar prácticas foráneas que nada tienen que ver con la identidad de este país.
Preferir comidas, música, baile, fe y celebraciones extrañas en lugar de valorar lo nuestro, es un desapego que progresivamente va anulando la identidad nacional; lo que algunos denominarían una especie de alzhéimer histórico y cultural.
Guardar silencio frente a políticas extranjeras que se le imponen al país, aceptar la presencia de militares gringos con la excusa de que se trata de entrenamientos y prácticas de defensa y seguridad nacional, tras el consentimiento de quienes gobiernan y otros asociados, también atenta contra la identidad de la nación.
Conmemorar el Día del Periodista exige reflexionar sobre el rescate de los principios básicos del periodismo. Y ello no solo se trata de la correcta aplicación de aspectos técnicos, que implican forma y fondo, también de la ética periodística.
El avance de la tecnología vinculada con la World Wide Web (www) hoy permite a cualquier sujeto convertirse en emisor, y esto suele confundirse con la sensible actividad de brindar información. Pero si desde el periodismo contemporáneo se incurre en violaciones que vulneran principios elementales del ejercicio de la profesión, como consultar fuentes seguras, verificar datos, evitar incurrir en especulaciones y en faltas y delitos como la calumnia e injuria, ¿qué ejemplo estamos legando al resto de los pobladores?
A quienes enseñamos, ejercemos o estudiamos el periodismo, honremos esta fecha memorable y lo que el maestro Gabriel García Márquez calificó, en octubre de 1996, como el mejor oficio del mundo.