Mgtr. Carlos F. González Psicólogo |Criminólogo Docente Universitario
¿Por qué Panamá es un caldo de cultivo para el corrupto(a) y en consecuencia para la corrupción? El país ocupa el 108/180 en el índice de percepción de la corrupción 2024 de acuerdo a Transparencia Internacional con 35 puntos y en retroceso; con la corrupción como principal preocupación ciudadana (22.3% en encuestas de CIEPS, 2024). Se señala que la corrupción está en todos los niveles socioeconómicos, alimentada por la desigualdad y debilidad institucional.
Panamá es uno de los países más desiguales en América Latina (Gini .50 y la pregunta seguida sería qué viene primero, la persona o el delito? Ni el delito ni el delincuente: primero está el contexto criminógeno. El delito no existe sin la oportunidad y el delincuente no emerge sin la condición. Uno no precede al otro, ambos nacen de un sistema que lo permite.
¿Se debe considerar por igual la debilidad institucional y la cultura del “juega vivo”, del “que hay para mí?” Y la falta de transparencia en contrataciones públicas, 70% de licitaciones con un solo proponente (Panamá Compra, 2025).
¿Cuál es el impacto de la corrupción y la acción delictiva del corrupto en la sociedad? Hospitales sin insumos, escuelas ranchos, desconfianza institucional, solo el 18 % confía de acuerdo a Latinobarómetro 2025. Se debe señalar que la comisión de la corrupción fomenta la comisión de otros delitos como la extorsión y estafas.
Al respecto del perfil típico de un corrupto(a) corresponde a un funcionario de mediana edad, con acceso a fondos públicos, impulsado por la codicia y relaciones de clientela.
Se señala que el corrupto corresponde en un 75% a persona del sexo masculino, entre 40 a 55 años, con educación superior, funcionario público medio-alto, con mucha codicia quien ve la oportunidad en la debilidad institucional, con una autopercepción de bajo riesgo de ser aprehendido, su aprendizaje pudo ser por imitación, al percibir que “todos lo hacen”, percepción de impunidad; al respecto y de acuerdo al Ministerio Público solo el 12 % de los casos denunciados llegan a condena.
En relación al tipo de personalidad del corrupto, se señala que tiene rasgos narcisistas, psicópata, con falta de empatía y una tendencia a actuar como si fuera invulnerable ante la sanción, típico de todo delincuente. Prescinde de valores éticos, morales y cívicos, necesarios para garantizar la equidad en la convivencia. Es un artista de la máscara, engaña para lograr sus propósitos.
¿Qué podemos hacer como sociedad para disminuir los corruptos y por ende la corrupción? Incorporar ética y cívica en los programas educativos. A manera de ejemplo, en la Facultad de Administración Pública de la Universidad, en la Maestría en Gobierno Abierto e Integridad Pública, se promueven los valores de transparencia y rendición de cuentas; la necesaria participación ciudadana como observadores en las contrataciones públicas y crear una unidad de análisis criminológico de la corrupción.