Omar A. Joseph

En el imaginario colectivo, los mundiales se dividen entre aquellos que consolidaron eras, y aquellos que las inauguraron. Suecia 1958, pertenece, indiscutiblemente, a este segundo grupo.
En 1950 Suecia fue elegida como sede en el 30º Congreso de la FIFA, en Río de Janeiro. La votación no presentó oposición”. como señala el reportaje (“La historia de las Copas del Mundo. Suecia 1958”, ESPN.com, 10 de mayo de 2022). El fútbol se preparaba para dar un salto hacia la modernidad.

Fue un campeonato de primicias. Primera vez que una selección europea se coronaba campeona en suelo americano. El evento quedó registrado como la primera retransmisión global significativa por televisión. El telón de fondo para el estallido de la que sería la mayor leyenda del fútbol. Se destapó la figura de un joven de 17 años, llamado Edson Arantes do Nascimento, “Pelé.”
Tras las sombras de la postguerra que aún envolvían a Suiza 1954, la FIFA buscó un escenario de paz y neutralidad. Suecia, un país no beligerante en la Segunda Guerra Mundial y con una sólida estructura, era la opción perfecta.

Fue el Mundial de los centavos costo y mercadeo incipiente. Hoy, donde los presupuestos se miden en miles de millones, las cifras de 1958 resultan simples.
El costo total de la organización se estima en 3.5 millones de coronas suecas, lo que equivaldría a unos 400,000 dólares de la época. Como lo recoge el artículo (“Suecia 1958 El Mundial donde nació Pelé”, AS.com, 14 de febrero de 2018). Uno de los estadios más grandes fue Nya Ullevi de Gotemburgo (con capacidad para 53 mil espectadores).

El mercadeo comercial daba sus primeros balbuceos. La marca alemana Adidas, fundada por Adi Dassler, consolidaba su dominio. No era aún un patrocinio oficial masivo, pero su astucia fue determinante.
La compañía equipó a varias selecciones, pero su golpe maestro fue con la anfitriona.
Adi Dassler en persona convenció a la Federación Sueca para que sus jugadores usaran botas con tacos atornillables, un avance técnico crucial que se popularizaría. Tal y como lo recoge en un repaso histórico Marca.com, 8 de junio de 2018).
La estrategia de Adi Dassler fue el primer gran movimiento de una marca deportiva (Adidas) en un mundial, sentando las bases del marketing futuro.
Por otro lado, el mundo político se coló en el torneo. La Unión Soviética debutaba en plena Guerra Fría. En tanto, Checoslovaquia, Hungría y Argentina regresaban tras su ausencia en Suiza.

Gales se clasificó sin jugar un partido de eliminatoria, gracias al boicot político de sus rivales de Asia y África, que se negaron a enfrentarse a Israel. Un dato curioso que la nación de Argentina recuerda: “Gales le ganó a Israel en un partido de repesca en Cardiff para meterse en su primer y hasta ahora único Mundial” (“El curioso camino de Gales al Mundial de 1958”, LaNacion.com, 1 de diciembre de 2022.)
Si hay un partido que encapsula el espíritu de este mundial, no fue la final, sino un combate de cuartos de final en Gotemburgo: el Partido del Cambio, Brasil vs. Gales.

Los brasileños tenían a Pelé en el banquillo. Gales era liderada por John Charles. El juego estaba estancado 0-0. En el segundo tiempo el técnico brasileño Vicente Feola tomó una decisión que cambiaría la historia. Feola dio entrada a Pelé.
A los 17 años y 239 días, el astro adolescente no se inmutó; en el minuto 66, recibió un balón en el área, realizó un veloz “sombrero” sobre un defensor y, en la caída, conectó un potente disparo de cabeza que se coló por la escuadra.

Fue el único gol del partido. El periodista brasileño João Saldanha, citado en un extenso reportaje, dijo: “Fue en ese momento que el fútbol encontró a su príncipe”. No fue solo un gol, fue un anuncio (Pelé, el joven rey de 1958, FIFA.com, 12 de junio de 2018(.