Omar A. Joseph /Relacionista Público

México 1970 fue el noveno campeonato mundial, y el primero que se disputó en Norteamérica, fuera de Europa y Suramérica. No solo fue un torneo, fue un espectáculo global moderno. Primero también en transmitirse por satélite a todo el planeta y a color, que alcanzó una audiencia de 300 millones de televidentes.

En el salón de un hotel capitalino, durante el sorteo, se selló el destino de los participantes. Acudieron cerca de mil personas. Así lo consigna la web del Excelsior (https://www.excelsior.com.mx) en el salón Antonio "la Tota” Carbajal levanta y pasea emocionado la Copa Jules Rimet.

El contexto era complejo: 10 días antes de la cita mundialista, el 4 de junio de 1970, el gobierno mexicano reprimió una manifestación estudiantil, la llamada "Matanza de Tlatelolco"; un sombrío telón de fondo que la FIFA y el comité organizador ignoraron para seguir adelante.
En el campo se introdujeron cambios históricos, como las tarjetas amarillas y rojas (aunque ninguna roja fue mostrada). Así mismo, los cambios de jugadores, 2 sustituciones por equipo, que añadieron una nueva dimensión táctica. El alemán Kurt Linder recibió la primera tarjeta amarilla de la historia en el partido inaugural contra México.

Como en el mundial anterior, Inglaterra 1966, surgió por vez primera una mascota, “Juanito” que simbolizaba al país anfitrión de cara a la copa mundial, México 1970. Era un niño de sombrero tradicional campesino grande, que lucía la camiseta verde de la selección de México, simbolizando la alegría, la juventud y, la pasión por el fútbol.

El altísimo nivel de los estadios mexicanos, en especial, el imponente Azteca, ubicado a 2 mil 250 metros de altura, exigió una evolución.

El fútbol físico y defensivo que triunfó en 1966 encontró su némesis en un equipo: Brasil, dirigido por João Saldanha, y luego de Mário Zagallo, la "Seleção" presentó posiblemente el mejor colectivo de la historia.

Brasil no solo representaba el regreso de Pelé en su plenitud -29 años, sediento de gloria tras la frustración por su lesión en 1966. Era la perfecta sincronía de un mecanismo ofensivo, con Jairzinho, el "Huracán de la Copa", quien marcaría en todos los partidos.

También estaba Rivelino, con su potente disparo. Además, Tostão, el cerebro; Gérson, el director de orquesta, y Carlos Alberto, el capitán carrilero.

Zagallo perfeccionó el 4-3-3, creando un fútbol de toque rápido, movimientos libres y una alegría contagiosa. La FIFA lo describiría como "un equipo que jugaba con una sonrisa, combinando genio individual con un trabajo de equipo sublime" (FIFA, s.f. ).

El torneo tuvo otros héroes que contribuyeron al gran espectáculo. En Perú, Teófilo Cubillas, que deslumbró con su desborde, garra y desfachatez. La URSS de Lev Yashin dijo adiós.
El momento más dramático ocurrió en semifinales, en el Estadio Azteca: Italia 4, Alemania Federal 3. Se constituyó en un duelo épico que pasó a la leyenda como "el Partido del Siglo". Con Italia ganando 1-0 . Los alemanes igualaron en el minuto 90.
En la prórroga se anotaron 5 goles en un torbellino de emociones, agotamiento y puro coraje. "Fue un partido que lo tuvo todo: drama, goles increíbles y un desgaste físico que dejó a ambos equipos literalmente en la lona" (El País, 1970, p. 24).
Brasil, por su parte, avanzó con una autoridad apabullante. Su partido ante Inglaterra, campeona vigente, en Guadalajara, fue presentado como un duelo entre 2 filosofías, el fútbol-arte contra el fútbol-fuerza.

El partido fue de una calidad exquisita, tras el gol magistral de Jairzinho, recordado por un acto de nobleza, la increíble parada del portero inglés Gordon Banks a un cabezazo de Pelé . ("¡Ya marqué!" gritó el Rey) La "Atajada del Siglo": La parada de Gordon Banks a Pelé fue considerada la mejor de la historia. El mismo Pelé afirmó : "Durante un instante, pensé que había marcado el gol perfecto" (citado en FIFA.com).
Y, sobre todo, el espontáneo y cálido apretón de manos entre Pelé y el capitán inglés Bobby Moore después de un forcejeo, que arrojó una lección, un símbolo de respeto mutuo. "Fue un choque de estilos, pero también una lección de caballerosidad en el campo (a eso le llamamos hoy: fair play " (La Jornada, 1970, p. 8).
La final ocurrió el 21 de junio en el abarrotado Azteca. Brasil se enfrentó a la Italia de "Catenaccio". Pelé abrió el marcador con un potente cabezazo, pero los italianos empataron antes del descanso.

La segunda mitad fue un monólogo brasileño. Gérson, con un disparo letal, puso el 2-1. Luego, Pelé asistió a Jairzinho para el tercero. Y el cuarto fue la obra de arte colectiva que resume toda una filosofía.
Desde la portería, casi todos los jugadores brasileños tocaron el balón, en una sucesión de pases que culminó con el capitán Carlos Alberto, que llegaba como un tren por la derecha, rematando a la red, fue el gol perfecto.

Brasil ganaba 4-1 y obtenía su tercera Copa Jules Rimet en propiedad. Pelé, llorando de alegría, le cargó el equipo y también “fue cargado en hombros por el mundo”.
El Balón Telstar de la marca Adidas, color blanco, con paneles negros pentagonales, diseñado para ser más visible en televisión, se convirtió en un símbolo del deporte global. Adidas ya era patrocinador oficial de la copa del mundo y FIFA. Otras marcas iniciaban el recorrido para aparecer en el gran evento con mayor prestancia.
México 1970 quedó en la memoria como el Mundial del fútbol bello, donde la alegría venció al cálculo, y donde Pelé se consagró como el más grande de todos los tiempos. Fue la despedida dorada de una generación irrepetible y el nacimiento del fútbol como espectáculo mediático global.

El mundial arrojó leyendas como el alemán, Gerd Muller, máximo anotador del torneo con 10 goles, Pelé “O Rey”, El Lobo Zagalo, director de la selección brasileña, que aplastó con su 4-3-3 del “Joga Bonito” usando a 5 – Dieses. Para dominar al rival (Jairzinho, Pelé, Gerson, Tostão y Rivelino.)
