Mitzy M. Muñoz U. /Periodista
La brecha educativa en Panamá mide el acceso de los estudiantes en las carreras de áreas científicas de la Universidad de Panamá (UP) y la diferencia entre los sistemas oficial y particular.
Cada año, miles de estudiantes panameños viven una desilusión y no es amorosa, sino académica, llegan con una maleta llena de sueños para aspirar a una carrera científica, pero se topan con una realidad amarga: su base académica no es suficiente.
El mayor impedimento para entrar en un área de ciencias en la UP no es solo la falta de cupos, sino el abismo que existe entre el examen de ingreso y lo que brinda la escuela pública. Mientras tanto, los estudiantes de colegios particulares navegan hacia estas carreras con laboratorios modernos y currículos alineados al siglo XXI.
El egresado del sistema oficial se enfrenta a una prueba diseñada para un mundo que su escuela nunca le mostró, ya que no contaba con una buena tecnología, un laboratorio y muchas veces ni un plantel o salón de clases, ya que hay quienes alquilaron espacios en centros comerciales para poder impartir clases.
El espejismo del Bachiller en Ciencias
No es un secreto a voces que la mayoría opta por el Bachillerato en Ciencias buscando la «llave» para entrar a Medicina, Veterinaria o Ingeniería. Sin embargo, existe una contradicción dolorosa: un alto porcentaje de colegios públicos carece de laboratorios funcionales. ¿Cómo puede un joven estar listo para un examen de química o física si su formación fue puramente teórica, dictada en tableros de tiza y sin haber sostenido nunca un tubo de ensayo?
Las huelgas docentes no son el síntoma más visible de la crisis, pese a que interrumpen el tiempo. Pero, la falta de recursos y la desactualización de lo que se enseña son las que realmente obstaculizan el futuro. Esto es evidente y se ve reflejado en las pruebas internacionales PISA, en las que Panamá ocupa los niveles más bajos en razonamiento científico (estudiantes de escuelas públicas). En el examen de la UP no es solo una evaluación; es el primer choque frontal con la desigualdad social.
Una deuda del Estado
Sería injusto culpar al estudiante por fallar una prueba de admisión cuando el Estado le entregó herramientas defectuosas, con una metodología. Es que la ciencia suele ser solo memorizar datos. En las escuelas de alto rendimiento se enseña a pensar y experimentar, habilidades que son vitales para sobrevivir al primer año de universidad.
La Universidad de Panamá se ve obligada a ofrecer cursos de afianzamiento, intentando reparar en dos meses lo que el sistema escolar no hizo en seis años.
Si Panamá desea ser un centro de innovación, no puede permitir que el ingreso familiar determine quién puede ser científico, la calidad educativa debe ser un estándar nacional, no un privilegio de pocos sin inversión real, seguiremos condenando a nuestros jóvenes a ser simples espectadores del progreso de otros.