Educar para convivir

Vie, 27/02/2026 - 16:32
Autor:

Abdel Ángel Rivera /Docente Faeco /Departamento de Mercadeo

 

Ante un mundo cada vez más automatizado, liderado por titulares que apuestan a grandes transformaciones digitales, donde la información viaja rápido y transciende fronteras, donde el uso de la IA es inevitable, resulta paradójico, que cada vez más se ven situaciones de intolerancia, individualismo, falta de empatía, constante conflicto e inadaptación social, que ponen de manifiesto la falta de la sana convivencia; esta que tiene sus profundas raíces en la comunicación asertiva y el saber escuchar; el respeto, la solidaridad, la justicia social y la equidad.

El docente, en su rol multifacético que lo caracteriza, está llamado a enseñar a convivir, a que nuestros estudiantes, comprendan de forma sencilla, pero profunda, que debemos respetar al otro y ver en ese otro, una parte clave para el crecimiento de nuestra sociedad.

Educar para convivir, es un llamado a la formación de ciudadanos globales, capaces de exponer sus ideas, de escuchar con atención y de manera imperante, ser capaces de reconocer que el que no está de acuerdo con mis postulados, no lo convierte en mi enemigo.

Pensar diferente no nos hace rivales. Esta acción no debe limitarse a los centros de enseñanzas, ni a algunas instituciones que ven enmarcadas en su misión ética o religiosa. Es una responsabilidad de la familia como centro de la sociedad, del sistema de educativo del país, indistinto de su nivel, de los medios de comunicación, con poder para trasmitir a grandes masas y de la sociedad en su totalidad. Toda acción que realizamos y el mensaje que emitimos es una forma de educar, debemos tener consciencia de ello.

Vivimos en una sociedad que presta atención a la fama, los bienes materiales, el estatus socioeconómico, los resultados inmediatos, donde se ve normalizada la agresividad y la descalificación, en todos los niveles sociales, sin distinguir edades, nivel educativos y contextos. Claro ejemplo de ello son las redes sociales, que son utilizadas como espacios de confrontación, donde detrás de la libertad de expresión se recrudece la falta de valores como la tolerancia, la solidaridad y el diálogo, claves para la sana convivencia.

La sana convivencia no tiene por qué ser un proceso obligado para la sociedad, debe ser una acción consciente de todos sus ciudadanos, que nos llevará a ser una mejor nación. Grandes países lo han logrado, posicionando como pioneros según el Índice de Paz Global (IPG) 2025. Tal es el caso de Islandia, considerado un modelo de convivencia, por su alta cohesión social, políticas públicas en igualdad para todos, bajas tasas de criminalidad y una alta cultura de resiliencia y honestidad. Es el resultado de la puesta en marcha de políticas públicas, sociales y culturales bien enfocadas, en la que todos forman parte.

Educar para convivir ya no es un llamado a lo lejano y futurista, es un grito que debe ser escuchado por todos, para el bienestar de todos.