Memoria y paranoia en El Agente Secreto

Vie, 13/03/2026 - 20:31
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de RR. PP de la UP

agnte secreto

 

La frase "mantener viva la memoria" no es un ejercicio de nostalgia frente al dolor, sino la piedra angular sobre la que se asientan la verdad, la justicia y la reparación. Como bien señalaba Eduardo Galeano, recordamos no solo para evitar la repetición, sino para descifrar nuestra identidad.

En el contexto del filme brasileño El Agente Secreto (2025), esta máxima cobra una vigencia perturbadora; su director Kleber Mendonça Filho construye aquí un cine político que, con audacia, tiende un puente tenso entre el pasado dictatorial y nuestras fracturas presentes.

La trama nos sitúa en el carnaval de 1977, en un Brasil agotado por la dictadura militar. Allí, su protagonista —interpretado con precisión quirúrgica por el siempre efectivo Wagner Moura— regresa a su pueblo natal. Lo que comienza como el intento desesperado de un profesor amenazado de muerte por reencontrarse con su hijo, se transforma rápidamente en un descenso a la paranoia: un entorno donde la vigilancia estatal, la corrupción policial y los ardides políticos definen la existencia.

El filme fusiona el thriller político con una profunda reflexión sobre la memoria colectiva y la opresión. Si bien su estructura fragmentaria desafía a quienes prefieren narrativas lineales, su atmósfera se vuelve un espejo universal y evoca el horror de cualquier régimen autoritario.

Así, Mendonça Filho utiliza el lenguaje audiovisual como una herramienta de disección: desde un incidente fortuito en una gasolinera, la cámara no solo captura la acción, sino que articula un discurso dialéctico entre lo que se muestra y lo que se decide dejar en el fuera de campo.

Lo más sobresaliente es cómo se reconstruye la memoria a través de elementos de la cultura y lo cotidiano: el uso del color amarillo, las referencias simbólicas al filme Tiburón, la claustrofobia de las cabinas telefónicas y el valor documental de los archivos, arman una tesis magistral sobre el miedo y la deshumanización.

Asimismo, el espionaje vecinal no es solo un recurso de guion; es la radiografía de una sociedad donde la dictadura permea cada rincón, obligando al individuo a convertir su miedo en rutinas, gestos sutiles y micro-decisiones de supervivencia.

El Agente Secreto no solo provoca un debate necesario sobre nuestras realidades geopolíticas, sino que ofrece un viaje emocional que cierra con una coherencia devastadora mostrando que la memoria es un acto de resistencia frente al olvido.