Carmen Guevara C.

Las plataformas de streaming como Netflix, Disney+, Max y Prime Video han revolucionado la forma de ver películas y series, al permitir el acceso a contenido desde cualquier lugar, en cualquier momento y a través de cualquier dispositivo digital. Este cambio ha ampliado el acceso al entretenimiento, pero también ha reabierto el debate sobre el futuro de las salas de cine y la experiencia cinematográfica tradicional.
El especialista en comunicación, Henry Jenkins, en su obra “Cómo afrontar los retos de la cultura participativa: Educación mediática para el siglo XXI”, sostiene que las plataformas digitales han fortalecido la industria audiovisual al facilitar la distribución global de contenidos y dar mayor visibilidad a producciones independientes.
Además, menciona que los algoritmos de recomendación favorecen el descubrimiento de obras de distintos países y géneros, impulsando la diversidad cultural.
Sin embargo, críticos advierten que el auge del streaming ha reducido la asistencia a las salas de cine y ha promovido un consumo más rápido e individual del contenido.
Para Chuck Tryon, en su escrito “Cultura bajo demanda: la distribución digital y el futuro del cine”, la posibilidad de pausar una película, verla en dispositivos móviles o consumir varias series de forma continua ha cambiado la relación del público con las obras audiovisuales.
Ramón Lobato (2019), profesor asociado en la Escuela de Medios y Comunicación de la Universidad de Melbourne, Australia en su obra, Netflix Nations: “La geografía de la distribución digital”, señala que el streaming también ha transformado el modelo de negocio de la industria.

Agrega que las plataformas compiten por atraer suscriptores mediante estrenos exclusivos y producciones originales, lo que ha incrementado la inversión en contenidos, pero también la competencia entre empresas y los cambios en la distribución de las obras.
Los especialistas coinciden en que el cine no desaparece, sino que evoluciona. Mientras las salas mantienen una experiencia cautivadora única, el streaming responde a un público que prioriza la flexibilidad y el acceso inmediato. El reto para la industria es equilibrar ambos modelos sin perder el valor cultural y artístico del cine.