Amor, deseo… y control

Vie, 31/07/2026 - 17:19
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

Obsesión la película
Foto: Imdb,com

 

Curry Barker es un joven director, actor y comediante estadounidense que pasó de crear sketches de comedia y contenido independiente en YouTube, a través de su canal «That's a Bad Idea», a convertirse en un fenómeno del cine de terror moderno con el filme Obsesión.

En esta película, la segunda en la carrera de Barker, transforma el cliché de los deseos mágicos en una brutal metáfora sobre las relaciones tóxicas, la obsesión, la pérdida de autonomía y la ausencia de consentimiento.

La película comienza con un deseo aparentemente romántico: conseguir que una amiga y objeto de interés romántico lo ame más que a nadie en el mundo. La pretensión se convierte en una orden y, cuando se cumple, el apego deja de ser una elección para transformarse en una enfermiza fijación. Lo que sigue es una escalada inquietante marcada por la necesidad de atención permanente, los mensajes constantes, los celos y la vigilancia, que terminan convirtiendo una inocente relación en una prisión emocional donde el cariño ya no busca la libertad del otro, sino su sometimiento.

Diana Diamond, psicóloga clínica e investigadora de las relaciones de apego y del narcisismo patológico, ha estudiado cómo determinadas dificultades emocionales pueden afectar la capacidad de reconocer al otro como una persona independiente, con deseos y necesidades propias. Esa mirada permite entender uno de los grandes conflictos de Obsesión: el protagonista, Bear, no quiere simplemente ser amado; necesita determinar la intensidad y la dirección de los sentimientos del personaje de Nikki.

Asimismo, la psicóloga clínica e investigadora Jade Wu ha explicado cómo el apego inseguro puede alimentar la hipervigilancia, el miedo al abandono y la necesidad constante de confirmación afectiva. En su expresión más extrema, esa inseguridad puede derivar en conductas posesivas y persecutorias. La película lleva esa dinámica hasta el campo del horror.

Ante ello, Obsesión plantea así una pregunta incómoda: ¿en qué momento el deseo de estar con alguien se convierte en la ambición de poseerlo? La respuesta aparece cuando desaparece el consentimiento, pues querer a alguien implica aceptar que esa persona puede elegir. La dominación comienza cuando esa autonomía se convierte en una amenaza.

De esta manera, Barker consigue que el espectador pase de la aparente comedia romántica al terror psicológico y a la violencia gráfica sin abandonar completamente el humor. La interpretación de Inde Navarrete como Nikki resulta fundamental para esa transformación. Su personaje atraviesa diferentes estados emocionales hasta revelar la dimensión más perturbadora de un vínculo en el que la voluntad individual ha sido anulada.

El filme funciona, entonces, como una advertencia sobre una idea todavía demasiado romantizada: los celos como prueba de afecto, la vigilancia como preocupación y la posesión como compromiso.

El verdadero horror de Obsesión no está en que una persona sea obligada a amar por efectos de un mágico sauce. Está en algo mucho más cercano y perturbador: la fantasía de que sentir algo por alguien concede derechos sobre esa persona. Y quizás allí esté el verdadero monstruo de la película: en creer que, porque queremos a alguien, podemos disponer de su libertad sin medir las consecuencias de convertir un vínculo afectivo en una forma de sometimiento.