Carmen Guevara C.
En el 2019, alrededor de 135 millones de personas padecieron de hambre extrema, en todo el mundo. En esta situación tenemos: Venezuela, con 9,3 millones de personas, cuarto país con inseguridad alimentaria aguda necesitada de asistencia urgente. La ONU advierte que, si no se toman medidas, se pueden enfrentar múltiples hambrunas de proporciones bíblicas en unos pocos meses.
El informe, realizado por una alianza internacional de organismos de las Naciones Unidas, gubernamentales y no gubernamentales que trabajan para abordar las causas fundamentales del hambre extrema, también indica que en ese medio centenar de naciones 75 millones de niños sufrieron retrasos en sus crecimientos y 17 millones sufrieron emaciación, o delgadez excesiva causada por la falta de alimentación.
¿Qué es seguridad alimentaria?
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), desde la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) de 1996, la Seguridad Alimentaria ¨a nivel de individuo, hogar, nación y global, se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y las preferencias culturales para una vida sana y activa.
COVID-19 lo puede empeorar todo
El Programa Mundial de Alimentos calcula que el impacto económico del COVID-19 durante este año elevará a 265 millones el número de personas expuestas a inseguridad alimentaria aguda. La cifra casi dobla los registros de 2019 cuando se contabilizaron 135 millones en esa situación.
Ante este espectacular aumento, esta agencia humanitaria de la ONU destacó como "fundamental" la necesidad de mantener los programas de asistencia alimentaria, entre ellos los propios de la Organización, que sirven para ayudar a casi 100 millones de personas vulnerables en todo el planeta.
Situación en América Latina
Por localización geográfica, más de la mitad, alrededor de 73 millones, de los 135 millones de personas viven en África; 43 millones viven en Oriente Medio y Asia y 18,5 millones viven en América Latina y el Caribe.
Venezuela aparece como la cuarta mayor crisis alimentaria del mundo, con 9,3 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda y necesitadas de asistencia urgente, a tenor de los nuevos datos disponibles en 2019.
En los cuatro países del Corredor Seco centroamericano (El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua), la sequía ha dejado a 3,2 millones pasando hambre, mientras que en Haití, la crisis política y socioeconómica empeoró la inseguridad alimentaria extrema, con 3,7 millones de personas afectadas.
Además, 1,2 millones de migrantes y refugiados venezolanos en Colombia y Ecuador, también, sufren hambre aguda.
Según un informe investigativo presentado por La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) destaca que “La inseguridad alimentaria y el hambre en América Latina y el Caribe están estrechamente asociados a la pobreza extrema, pero no se confunden con ella. Una alimentación insuficiente para el desarrollo de una vida normal e inadecuada desde el punto de vista nutricional, afecta no sólo a quienes viven en condiciones de extrema pobreza sino también a estratos más amplios y grupos que residen en determinadas zonas o regiones en cada país”.
Panamá
Panamá ha sufrido diversos eventos climáticos que han afectado al sector agropecuario y la seguridad alimentaria de la población panameña, ante lo cual la agricultura juega un papel crucial para lograr la seguridad alimentaria que requiere el país.
Según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, Panamá se ubica entre los países de alto nivel de desarrollo, alcanzando el lugar 56 del ranking mundial. El PIB per cápita anual se estima en US$ 6,854 considerando la paridad del poder adquisitivo en dólares. Sin embargo, existe una fuerte inequidad en la distribución del ingreso que se refleja en una profunda asimetría del índice 10:10 o 20:20. El 37.2% de la población vive bajo la línea de pobreza y el 16.7% en pobreza extrema, proporción que no se ha modificado en forma significativa en los últimos 6 años.
Desafíos
El sector agropecuario es el que más empleo produce en el país, aunque también representa los niveles de ingresos más bajos. A pesar que actualmente el 15% de la población económica activa labora en este sector esto representa escasamente el 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB) mientras que hace 50 años era el 20 – 25% del PIB, indico el economista Felipe Chapman,.
Entre los desafíos están: reducir radicalmente la huella hídrica en la agricultura, que hoy consume alrededor del 70% del agua fresca de la región, pues hay lugares que no cuentan con el servicio de agua potable.
Según los estudios y registros paleoclimatológicos, el fenómeno de El Niño ocurre por lo menos desde hace 40,000 años, y afectó a diversas civilizaciones. A través de los siglos, ha sido señalado como el responsable de fuertes fenómenos meteorológicos que producen escasez de alimentos, agua, revoluciones y eventos propulsores de plagas.
Se necesita un plan de gobierno sólido para enfrentar los efectos que tiene El Niño sobre el medio ambiente, la población y las actividades que esta realiza, esto basado en estudios e investigaciones que vayan más allá de hacer pozos para obtener agua mientras.
El agua subterránea se agota si se sobrepasa en su capacidad de recarga y es muy vulnerable a la contaminación. En los medios de comunicación se habla de las cuantiosas cifras en pérdidas económicas después de El Niño, pero al mismo tiempo, no se escucha a las autoridades pertinentes, ni a la conciencia de la población, despertar sobre qué acciones tomar para la llegada del próximo Niño.
Posibles salidas a la situación agropecuaria
Crear políticas nacionales para fortalecer el agro, para el establecimiento de un programa de Promoción y Modernización Agropecuaria y Agroindustrial, que permita el otorgamiento de líneas de crédito y asistencia financiera directa para la producción, procesamiento y mejoramiento de la cadena de suministro de productos agropecuarios y agro industriales, con el fin de mejorar su productividad y competitividad, así como el desarrollo integral de las actividades del sector agrícola y agroindustrial a corto, mediano y largo plazo.