Vilma Chiriboga - Subdirectora: Instituto de Investigaciones Historicas de la UP
El arte constituye un dispositivo de poder disciplinario o de cuestionamiento al orden establecido, un orden situado históricamente tanto espacial como temporal. De lo expuesto, se infiere que la producción artística no es algo externo a la sociedad, sino el resultado de una red de relaciones de saber poder.
En ese sentido, “es importante apuntar que en el complejo entramado de fuerzas que configuran al dispositivo artístico se juega siempre una dimensión política, una negociación sobre lo que puede ser enunciado – por tanto, comprendido– y materializado como artístico” (García, E, 2013).
Las ideas de García permiten comprender la razón por la cual el fresco que Fernando Leal, pintor mexicano, estaba realizando en el Instituto Nacional, en el año 1936, fue destruido sin aún haber concluido la obra ya que el presidente de ese entonces, Harmodio Arias Madrid, lo consideró ofensivo y, por lo tanto, “No catalogado como artístico”.
Al respecto Fernando Leal explicó el significado del cuadro: se trata de una alegoría anti-imperialista. La figura superior del hombre gordo sentado sobre oro y guineos, y con un tratado en una mano, es la representación yanqui imperialista.
El barco de la frutera simboliza la riqueza nacional que se va, mientras el nativo que aparece en uno de los bordes del Canal, que he oído se interpreta como un negro afeminado y en actitud humillante…Expresa que el panameño es consciente de esa explotación y parece exclamar: ¡me has robado!
La figura de Neptuno encadenado y la de un soldado y un marino que aparecen a cada uno de los lados, representa el mar encadenado por la conjunción de las fuerzas económicas, políticas, técnicas y militares (Acción, 8 de febrero de 1836). Acontecimiento ocurrido en el contexto de la negociación del Tratado General de Amistad y Cooperación, firmado en la ciudad de Washington en 1936.
Las interpretaciones realizadas por críticos del arte en Panamá, entre estos, Edward I. Sullivan, demuestran de qué manera la pintura, por ejemplo, constituye una herramienta estética de aproximación a la realidad a través de la cual se transmiten preocupaciones, mensajes, discursos conectados con escenarios en la cual se producen.
En una de las secciones del libro Crosscurrents titulada: Temas y variaciones en el Arte Panameño Contemporáneo, Sullivan al referirse a las pinturas de Roosevelt Díaz, ganador de la 111 Bienal en Panamá, encuentra en el contenido de las mismas una dialéctica con la que han luchado durante decenios muchos escritores y artistas latinoamericanos. Las tensiones entre civilización y barbarie.
En la obra de Díaz, anota el autor, la civilización, por lo menos en su acepción convencional, es el antagonista, en tanto, el poder y la energía de la naturaleza representan las cualidades positivas y armoniosas de la existencia terrenal, visión que recuerda las ideas de José Martí cuando dice en 1891 “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.
Pinturas de Roosevelt Díaz, ganador de la 111 Bienal en Panamá, encuentran en el contenido de las mismas una dialéctica con la que han luchado durante decenios muchos escritores y artistas latinoamericanos. Las tensiones entre civilización y barbarie.