Rainer Tuñón C. - director de RRPP de la UP/Foto: Apple TV

Asesinos de la luna es una lección de cine e historia dirigida por un gran maestro. Esta película se centra en los asesinatos de miembros de la Nación Osage. Motivo: la riqueza que correspondía por ley a los habitantes de esa próspera comunidad indígena estadounidense.
Los crímenes llamaron la atención del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de la era comandada por J. Edgar Hoover, y el hecho en sí se interpretó con el paso del tiempo como un reflejo de las actuaciones más bajas del ser humano cuando se llena de inmisericorde avaricia.
En sí, una película de Martin Scorsese es una grandiosa enseñanza sobre ritmo, narrativa, recursos técnicos, guión, manejo de actores y equilibrio dentro de su insuperable filmografía.
Se trata de un filme que debe verse de inicio a su extraordinario cierre. Sí, es cierto; dura tres horas y media, pero bien sustentadas en beneficio del espectador que no se despega ni un minuto de su asiento.
Se trata de una poderosa lección de historia, vista desde el mejor cine posible, sobre la naturaleza codiciosa y violenta del ser humano cuando dibuja su ambiciosa versión del sueño americano, aquel concepto que popularizara el historiador James Truslow Adamsonm cuando definía que: “el sueño americano es un sueño y recuerden no dejen de soñar”, y esa frase se propagara como base cultural de un modo de pensar en función al éxito y a la prosperidad, desde que fue concebida en su obra La épica estadounidense, de 1931.
Viendo con atención los acontecimientos, empatizamos con el sufrimiento de la Nación Osage, que vio cómo la fortuna se convirtiera en desgracia desde 1890, cuando en su reserva se descubrieron petróleo y gas natural.
Este hallazgo los hizo inmensamente ricos, pero al mismo tiempo blanco de asesinatos y vejaciones sociales, pues según las leyes blancas eran “incompetentes” y requerían de tutores para que les administren su dinero.
En este sórdido contexto, se mueven personajes como William Halle (Robert De Niro), acaudalado e influyente empresario de Oklahoma que fungía como amable consejero de los originarios, pero al mismo tiempo, un astuto criminal que usaba métodos violentos para ejercer poder en ese poblado, vistiéndose de apacible, cauto y bonachón; y en la misma dirección, Ernest Burkhart (Leonardo DiCaprio), veterano de la primera guerra mundial y sobrino de Halle, inducido a seducir y casarse con la acaudalada Mollie Kyle, cuya familia va desapareciendo como parte del complot para apoderarse de su riqueza, y es precisamente en la interpretación de Mollie (Lily Gladstone) donde se da la nota más alta, pues ella logra transmitir todo el dolor, la paciencia, la resiliencia y la pasión de un personaje que entiende las motivaciones y la violencia, y toma cartas en el asunto entendiendo que es la próxima víctima de la sed de poder de los inescrupulosos lobos con piel de oveja.