Rainer Tuñón C. - Director RRPP-UP

Cada país aporta películas documentales a su catálogo de producción audiovisual. En Panamá, se puede decir con orgullo que este género cuenta con una audiencia que sigue creciendo y mantiene el interés por profundizar en los temas que fortalecen la identidad nacional a través de un cine que represente dignamente nuestra memoria histórica.
El cine documental nació con ese distintivo por el hecho de recoger nuestra realidad y presentársela al ingenuo habitante terrenal que quedaba maravillado en ese momento. Claro está, esta forma de contar historias pasó con el tiempo hacia la narrativa de ficción, y con la evolución misma del cine, su recorrido dio saltos cualitativos hacia lo que conocemos como producción audiovisual multimedia, que en la era digital permite conocer historias con distintas fuentes de información, formatos y enfoques diversos.
En las salas de cine pasaban este tipo de metraje documental, y uno como público se iba entusiasmado con los testimonios, composición de escenas y manejo de la historia que nos hacían reflexionar sobre la importancia de un material concebido para ser didáctico, a través de una experiencia testimonial de nuestras experiencias como sociedad.
De esta manera, el público recibía la información desde el enfoque de sus realizadores para obtener un contexto histórico sobre un personaje, un acontecimiento trascendental, un movimiento de época o simplemente el aspecto que más le llamara la atención al autor para mostrarlo a través de lo filmado.
Recientemente, se organizó el XVI Festival de Cine Ícaro Panamá, y entre las películas participantes, nos encontramos con el documental Nación de Titanes, de Joaquín Horna Sosa, que nos muestra la vida de seis atletas protagonistas de la época dorada de la lucha libre en Panamá, entre triunfos, derrotas y el innegable paso del tiempo.
Al finalizar el filme, el espectador, sin importar a qué generación pertenece, se identifica con esta historia de triunfos, fracasos, encuentros y reencuentros de deportistas panameños con historias de vida que merecen ser contadas para el enriquecimiento de nuestro imaginario colectivo y cultural.
De este documental podemos subrayar de manera positiva la estructura narrativa que comparte elementos periodísticos al compilar y validar la información a través de fuentes consultadas que se convierten en valiosos aportes para este registro histórico de la lucha libre desde sus años de gloria hasta nuestros días.
Asimismo, se destaca el manejo de los recursos de iluminación, escenografía, sonido y musicalización, así como la postproducción misma que complementan el ritmo y sentido de nostalgia que su director comparte desde que inicia este aleccionador relato de llaves y costalazos en la historia del deporte y entretenimiento en Panamá. Esta película recibió el premio del público en la undécima edición del Festival de Cine Internacional de Panamá (IFF Panamá).