Carmen M. Guevara Cruz /Periodista *Foto: Tomada de Panama Vieja Escuela /Tomada del diario La Estrella de Panamá)

En esta edición toca remembrar otra sala de cine en la ciudad de Panamá, el Teatro Capitolio.
De acuerdo con una información publicada en la web alonso-roy.com/arte a inicios de la década de los 40 la situación económica de Panamá era próspera. En tanto, la empresa Enrique Pascual y Cía. Ltda., era creyente en la estabilidad de las finanzas nacionales. Por ello, anuncian la construcción de un moderno teatro que bautizaron como Capitolio.
El teatro se inauguró el 1 de octubre de 1941, como un homenaje al primer aniversario del gobierno del doctor Arnulfo Arias Madrid. La empresa Pascual introdujo un concepto nuevo; a las 10 de la mañana inició la inauguración. El filme seleccionado fue Creo en Dios, obra de Fernando Soler, producida por el sello de los éxitos, Grovas y Cía.
Otros datos de la citada web destacan que el Capitolio era una joya arquitectónica que engrandeció a la ciudad, en el barrio de Calidonia. Era una joya de la arquitectura, -con muy anchas puertas de entrada y amplios pasillos, iluminación de múltiples colores con una marquesina de luces que se deslumbraba la avenida central-.
Otra novedad era la instalación del Mirrophonic Master 1941 -reproducía desde los tonos muy profundos hasta los más agudos, sin dejar escapar ninguna imperfección, la última palabra en la concepción del sonido y permitiendo a toda la concurrencia disfrutar de una recepción uniforme y tranquila-.
Además, contaba con una amplia pantalla que recibía en forma nítida y perfecta las imágenes que se proyectaban.

Los precios para la entrada, bajo el lema "Siempre el primero en su línea”, eran: balcón a B/.0.25, luneta, B/.0.20, adultos y niños B/.0.10.
Las tandas regulares iniciaban a las 10:00 de la mañana. Esto se constituyó en un novedoso cambio en la rutina horaria de los otros teatros. Los domingos y días feriados se proyectaban cintas para la población infantil.
Los cinéfilos que ingresaron al Capitolio recuerdan que la sala se fue convirtiendo en la primerísima para grandes estrenos, ocupando, desde sus primeros momentos, un sitial privilegiado en el público.
Sus fundadores vieron que la decisión fue acertada al brindar una escogencia más para la diversión y esparcimiento de la ciudadanía que vivía una euforia colectiva por los tiempos de bonanza en que se encontraba.
El Teatro Capitolio fue un exponente del alto tipo de cinematografía que se proyectó en la ciudad. Fue distinguido por la variedad de las películas que se exhibían y la categoría de los artistas que tomaban parte en ella.
Posteriormente, incluyó espectáculos vivos, con grupos de personas que hacían comedias y que junto a los juegos de bingo que se realizaban semanalmente, fue dominando la audiencia de una manera convincente.
Hace muchos años que desaparecieron los cines populares y consigo el alcance de los bolsillos de muchos cinéfilos panameños. Paulatinamente, las transnacionales de la cinematografía fueron absorbiendo las salas convencionales que reemplazaron por algo parecido a cubículos chicos y angostos.