Alexander Zanches
Ante todo, muchas gracias a la vida y la dirección de este medio por darme la oportunidad de compartir, con sus lectores, unas palabras de interés educativo, cultural y literario.
A quienes no me conocen, escribo versos y microcuentos.
Pinto, soy colorista. Debo advertir que antes escribía artículos con más frecuencia.
El abandono del formato me ha hecho un poco torpe al intentar abordar un tema desde el formato sujeto y surgen a ratos maneras de decir las cosas que hacen pensar más en divagaciones líricas que en el lenguaje expositivo-informativo, en que se debe escribir una columna. Deseo que “Café Tertulia” sea de su agrado y que se me exculpen las maneras un tanto arcaicas de expresarme, tendencia a que me obliga el afán por transmitir, con la palabra exacta, la idea en el cerebro. A manera de balance, en octubre pasado, el profesor Rafael Ruiloba presentó un nuevo libro sobre Semiótica: “Las Competencias Básicas del Español”, materia de su Cátedra en la facultad de Humanidades. Las palabras de presentación de la maestra linguista Danae Brugiati, por la sobriedad al decir, me hicieron recordar esa suerte silvestre de surtidores que, a la vera del camino fluyen, invitando con su murmullo al caminante a calmar la sed de conocimiento que a veces nos embarga.
Por otro lado, hace unos días escuché nuevamente un chiste viejo y me nació la idea de convertirlo en microcuento. Espero sea de su agrado:
UN ASUNTO DE JUSTICIA
Dos valientes y un miedoso fueron condenados a morir en pago por la gravedad de sus delitos; sin embargo, se les concedió el derecho de elegir el modo en que habrían de ser ajusticiados. El primer valiente pidió que lo ahorcaran, deseo que cumplieron en el árbol más cercano. El segundo valiente pidió ser tirado a un abismo, donde su cuerpo, al llegar al fondo, pudiera rebotar como un fardo entre las piedras. Tres horas tardaron en llegar al sitio adecuado. Hicieron como pidió el reo. A su tiempo y, habiendo visto el celo y la prontitud con que obedecían la orden del juez, el último de los reos exclamó ufano: “¡De viejo y en libertad!” y así se hizo. Camino de su pueblo, en las laderas del cerro podrás visitar el cementerio donde yacen sus restos. …yo, como les digo, ya me voy, y con esta me despido: hasta la próxima.