Legalmente inmoral

Lun, 31/03/2025 - 19:12
Autor:

Lic. Omar A. Joseph/ Relacionista Público

 

Quien ostente un cargo público, en cualquier institución del Estado, llámese de cualquier manera, o un servidor público, debe entender que el espíritu del cargo es para que desde allí sirva en pro del Estado y no para sí.

El primer “empleado” del país nos restriega que él trabajará con sus amigos y así lo ha demostrado al punto que casi gritó que el Procurador es su abogado. ¿Un premio? No, por su capacidad para el cargo, es que rosa lo inmoral. Ver publicación del diario La Prensa de 3 de octubre de 2024: “De asesor de Palacio y abogado del Presidente, a procurador de la Nación”

Pero, el servicio exterior, hoy más necesitado de talento, ante los recientes ataques desde los -EE.UU. no escapa al amiguismo, pero fue casi una burla el “show” repetido en la comisión de credenciales donde en fila, uno tras otro, demostraban que estaban allí por amiguismo o lazos de consanguinidad, para pelechar de los beneficios de los cargos. Talento para el cargo de diplomático le sobraban carencias.

Sin embargo, el canciller, hace lo propio, nada. Y la comisión aplaude lo inverosímil, los medios se escandalizan y callan -o no hay cuñas- y el pueblo mira hacia otro lado. ¡viva Panamá!

¿Legal? Claro que sí. La envestidura le permite tal o cual cosa, nombrar por ejemplo a quien le parezca, como lo fueron los designados hace unos pocos días, el grupo de tres que van a la cuestionada administración del Canal (cuestionada por Trump) ¿Cómo llegaron? …es pues ¿moral? A llorar a la maternidad, decía el profesor Pedro Luis Prados: “Pendejos nosotros que nos quedamos con el trapo y ellos con el territorio”, al referirse a la consigna que antes de la reversión se arengaba: “Panamá un solo territorio una sola bandera”. En ese pequeño país, dentro de nuestro país, lo administra un grupo de amigos y familiares que al parecer heredan. Disfrutando para sí las mieles de las luchas generacionales. Y, al parecer, sin que sea necesario dar explicación alguna.

¡No! Es que solo faltan nombramientos directos en los Ministerios o entidades gubernamentales. Pero, para un poco moralizar el rampante nepotismo, “cruzan nombramientos”. Van esposos, hijos, tíos, primos, nietos rozando el ridículo. Más, no olvidemos llamarles honorables. Un rayo de justicia, un hálito de dignidad y haría una gran diferencia.

El cinismo con el que no se cubren el rostro al desbancar a dedazo limpio al Estado es de vergüenza. “Sigan el dinero” o sigan a los nombrados. Ambas llevan sin reparo al mismo destino: gamonales y fincas propias dentro de estamento gubernamental.

Amoral pero legal. Legítimo, pero lejos de ser ético. ¿Pero cómo se come eso, le pregunta un inmoral al espejo?