Dr. José Manuel Fajardo S./ Profesor visitante Universidad de Panamá /Centro Regional Universitario de Coclé
El filósofo existencialista alemán, Martín Heidegger, escribió hacia 1955 un discurso que tituló Serenidad. En dicho texto hablaba sobre la actitud que debía manejar la humanidad para poder sobrellevar las amenazas que implicaba la era atómica, con la carrera armamentista provocada por la guerra fría en plena expansión.
Hoy, cuando Europa a través de la OTAN está elevando en un 5 % la inversión en defensa, y el mundo parece vivir una continua escalada de conflictos bélicos y situaciones límite para los derechos humanos como la sostenida en la Franja de Gaza, es inteligente abordar a este pensador para meditar cómo encarar las crisis dignamente. Para esto, quiero enunciar tres verbos, y a partir de ellos, desarrollar tres ideas sobre la serenidad, a saber: evitar, direccionar y pensar.
“Evitar”: cuando suceden los momentos críticos o de crisis, suelen aparecer en los escenarios sociales algunos héroes mesiánicos que se proclaman como salvadores del apocalipsis que se avecina. Son personajes más mediáticos que auténticos, que se aprovechan del desconcierto general para autonombrarse gendarmes del verdadero orden. Usan un lenguaje radical y exigen obediencia absoluta a su alrededor para vencer al “enemigo”.
La serenidad permite evitar caer en su trampa retórica, pues un análisis ecuánime ayuda a verlos como lo que son, simples embaucadores de último momento.
“Direccionar”: en la cosmovisión maya de los pueblos originarios hay un modo de caminar histórico que es inverso al de la cultura occidental. Generalmente, pensamos que caminamos de frente al futuro, pero para dicha cultura indígena esto es al revés, nosotros caminamos de espaldas al futuro, ya que el futuro es imprevisible, lo tenemos a la espalda y no frente a nosotros. Lo que tenemos frente a nosotros es el pasado, el cual podemos revisar para aprender lecciones históricas y caminar con prudencia y tranquilidad, o sea con serenidad, ya que si aceleramos el paso es fácil tropezar y caer.
“Pensar”: enlazando directamente con Heidegger, él recomienda tener un pensamiento “asiduo y vigoroso”. De este modo, la serenidad no se nos da casualmente (no nos “cae”), nos llega porque hemos dedicado tiempo a la reflexión. Y no cualquier tipo de reflexión, sino aquella que apunta a lo esencial de la vida, la que ausculta las motivaciones más profundas y no se acobarda para afrontar las preguntas duras del existir.
Para concluir, es importante que ante las crisis que afronta Panamá y el mundo en el momento actual, haya lugar, especialmente en las instituciones de educación superior, para negarse a lo que Heidegger llamaba la “fuga del pensamiento”, ya que es lo peor que puede ocurrir en caso de evitarse una tercera guerra mundial, que los seres humanos perdamos lo más propio: nuestra naturaleza de meditadores.