Bolívar Hilbert Psicólogo - coordinador Asuntos Estudiantiles CRU de Coclé
La reflexión sensata es un desafío para los que queremos tener una idea más clara del contexto cultural moderno.
El artículo del Dr. Francisco Beens, “El educador y los desafíos de la postmodernidad”, ayuda a considerar argumentos que definen la noción de modernidad y reducen nuestra perplejidad en este tópico; junto a esto, es valioso ver los efectos de la modernidad en la evolución de nuestros grupos sociales y el grado de aceptación y/o adaptación lograda ante esta época cultural de la humanidad.
Iniciando con el concepto de modernidad, representa esta una construcción mental creada bajo los ideales de evolución, desarrollo y progreso; la modernidad ha transcurrido históricamente por períodos revolucionarios que tocan estructuras socio políticas y económicas.
Estos cambios modernos tienen su génesis, entre otros elementos, en la base psicológica humana que cultiva la fe en una racionalidad fundamental del mundo. De este modo, hay una “normalidad racional” que incorpora ágilmente cambios sociales de naturaleza rápida y extendida. Esto conlleva conflictos culturales que dan por resultante la conformación de estratos sociales que definen a los ciudadanos según sus valores y actitudes ante la modernidad.
Así, podemos entender la modernidad como un período histórico y un momento intelectual posterior al Renacimiento que se caracteriza por una serie de cambios profundos en la manera de pensar y concebir el mundo.
La modernidad significa un nuevo conjunto de instituciones sociales que emergen para poder enfrentar un período de transformaciones profundas a todo nivel que trata de no soslayar los valores y tradiciones instaurados en los grupos sociales y encontrar un punto medio de coexistencia. Esto invita a pensar en la capacidad de adaptación que tiene el ser humano para ajustarse a los cambios (introducidos o impuestos) por el proceso de evolución moderna propiamente dicha, o por presiones de ciertos grupos hegemónicos.
Con lo antes expuesto es claro que los cambios no siempre se realizan en un contexto total o global que establezca un grado de satisfacción compartida.
Para ciertos grupos sociales la modernidad no tiene una cara amable con beneficios evidentes, sino lo contrario, hay una percepción amenazante que trae como consecuencia una actitud de resistencia pues la transformación no es ofrecida o comunicada de la forma más oportuna y apropiada.
Se necesita liderazgo cultural para asumir la transformación necesaria para el desarrollo moderno y establecer procesos de gestión que definan cambios de actitud para que los involucrados puedan comprender los beneficios, que implica o no, una evolución hacia una dinámica más moderna en el todo social, es decir, una sociedad más eficiente, efectiva y sostenible en los diferentes entornos –educativo, psicológico, ecológico, etc.—que traería como consecuencia la realización de la especie humana a todo nivel.