Dumas Myrie Sánchez/ Estudiante de Maestría en Historia de las Relaciones entre Panamá y Estados Unidos
La Doctrina Monroe se yergue como la base histórica de la política exterior norteamericana, cuyos lineamientos principales se ven presentes en las relaciones con América Latina y el Caribe durante la primera mitad del siglo XX.
La posición asumida por Estados Unidos como guardián de la seguridad hemisférica, se basó en: la existencia de ambiciones expansionistas en la región por parte de potencias del viejo continente; la defensa del régimen político republicano, de las ambiciones colonialistas de las monarquías europeas y la fragilidad de las nuevas repúblicas latinoamericanas para defender sus propios intereses.
A partir de los años 1930, durante la presidencia de Franklin Roosevelt, conocida en las relaciones hemisféricas como período de “Buen Vecino”, no se verifican intervenciones unilaterales.
Sin embargo, en el contexto de la II Guerra Mundial, hay una presión para el envolvimiento de la región latinoamericana a favor de los aliados, para evitar la influencia de las potencias vinculadas al Eje, y el alineamiento de países con la política exterior de Alemania o de la adopción de regímenes políticos similares; así como de promover el aislamiento regional de gobiernos bajo sospecha de simpatías con el totalitarismo nazi- fascista.
Durante la guerra fría cuando Estados Unidos asume el papel internacional de guardián del llamado mundo libre contra el avance del comunismo, Latinoamérica pasa a sufrir crecientes interferencias bajo el argumento del combate al expansionismo soviético, que encontraría terreno favorable en las fragilidades del desarrollo de a región; en especial, aquellas vinculadas a las profundas desigualdades sociales (por ejemplo, la revolución cubana).
Sufragaron el apoyo militar para la derrota de la izquierda armada en una guerra que generalizó la represión para todas las formas de oposición, pacíficas o no- y a la paulatina sustitución de las políticas económicas de inspiración nacionalista por la implementación de una agenda de liberalización económica.
Los Estados Unidos cuentan con una completa dominación económica, militar y política, en la segunda mitad del siglo XX, conduciendo un camino de “convergencia” con el modo de vida vigente al norte del hemisferio, sobre la democracia, mercados abiertos, ley y compromiso con la paz”. (Albright, 1997, 6).
En consecuencia, América Latina se convirtió en el área de influencia norteamericana, a pesar del juego bipolar existente en la zona, se esforzó en fomentar la ideología capitalista estableciendo de alguna forma la dependencia económica, para ello fue parte fundamental de este aparataje maquiavélicamente creado, junto con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, porque se había convertido en la mayor potencia del mundo, a todo ello ayudó de gran forma a que las empresas norteamericanas crecieran de tal manera que se convirtieran en las grandes multinacionales.