Rainer Tuñón C. - director RRPP-UP/Foto: Lionsgate Films

La presencia asiática en el cine estadounidense cada vez más se posiciona como un factor a tomar en cuenta en la industria del entretenimiento, dejando atrás los prejuicios y estereotipos que por décadas los encasillaban entre chistes racistas y momentos discriminatorios supuestamente graciosos para la colectividad.
Si bien es cierto, una parte importante de la inmigración china provino en el siglo XIX por la fiebre del oro norteamericano, la construcción del ferrocarril o las plantaciones en Hawái, llegando en principio por el Océano Pacífico desde la bahía de San Francisco, la situación social de ellos pronto los llevaría a concentrar sus negocios en barrios conocidos como “chinatowns” en donde su cultura, costumbre y tradiciones se mantenían.
El crecimiento comercial, sino estadounidense, no cayó bien ante la opinión pública y ello motivó que hacia 1882 se aprobara una Ley de Exclusión China, para que no ingresaran más chinos al país. Pasaron las décadas y con la Segunda Guerra Mundial se fomentó odio hacia los japoneses, lo que incrementaría una mala imagen del asiático en Norteamérica. Así, también fue creciendo el denominado “Yellow Peril”, que advertía el “peligro” de convivir con esos seres “amarillos” de extraños poderes. Ello se vio reflejado en el cine.
El filme, La marca de fuego, de 1915, por ejemplo, proponía cuestionar el sexo interracial al exponer a un depredador sexual asiático que trata de lastimar a una inocente estadounidense. De igual manera, el estereotipo del malvado asiático se veía reflejado en el famoso personaje de Fu Manchú que rondaba en las carteleras desde 1912 hasta algunos filmes en los años sesenta, incluso con la versión paródica de Peter Sellers que hizo antes de morir en 1980, o su versión femenina en la hija de este personaje para la cinta La hija del dragón, de 1931, aunque de allí surge la actriz Anna May Wong, la primera gran estrella que cambiaría ese rol asignado, hasta llegar a Charlie Chan, el detective de la película The Chinese Ring, que era visto como un ejemplo a seguir en la integración del chino en la sociedad norteamericana, pero interpretado por el estadounidense Roland Winters.
Esta tendencia negativa fue cambiando en los años sesenta con la entrada de personajes como el señor Yunioshi de Desayuno con Diamantes, aunque el actor era Mickey Rooney; la serie de tv Kung Fu, con David Carradine; definitivamente Bruce Lee, primero con Kato de la teleserie el Avispón Verde y luego con su entrada triunfal en el cine gracias a Operación Dragón y el resto de su filmografía; el aporte de John Carpenter en su comedia de acción Masacre en el Barrio Chino, o la presencia de la hermosa Lucy Lui y su participación, tanto en Los Ángeles de Charlie como en Kill Bill, de Quentin Tarantino.
Esta historia de lucha por el respeto y la integridad de la comunidad china en Estados Unidos ve sus frutos cosechados décadas más tarde al ganar el Oscar a Mejor filme del año por Todo en todas partes al mismo tiempo, así como la introducción del héroe de Marvel Shang Chi y el posicionamiento en el terreno de las comedias con el éxito de Crazy Rich Asians y Joy Ride o Locas en apuros, de la directora Adele Lim, el estreno de esta semana en las salas de cine de la región.
De este último título, tenemos una graciosa “road movie”, sobre cuatro amigas que viajan al continente asiático para encontrar a la madre de una de ellas, una cinta que logra un equilibrio entre lo emotivo y descerebrado para mostrar la herencia asiática a las audiencias globales.