Educación, identidad y el poder transformador del arte

Vie, 10/07/2026 - 19:07
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

 

Existe una idea todavía extendida de que la universidad es un espacio reservado para los jóvenes y que, una vez consolidada una carrera profesional, el aprendizaje formal deja de ser una prioridad. Sin embargo, los cambios tecnológicos, culturales y económicos demuestran que aprender durante toda la vida se ha convertido en una necesidad más que en una opción.

La trayectoria de la artista panameña Idania Dowman ofrece un punto de partida para esta reflexión. Con más de tres décadas dedicadas a la música y una carrera desarrollada dentro y fuera del país, decidió complementar su experiencia profesional con estudios en Marketing y Publicidad y continuar su formación en una Maestría en Publicidad y Estrategia Creativa en la Universidad de Panamá.

Su decisión confirma que el arte también demanda actualización permanente. Hoy un creador no solo interpreta o produce obras; también necesita comprender las dinámicas de las industrias culturales, la comunicación estratégica y la transformación digital, factores que redefinen la relación entre los artistas y sus públicos.

Desde esa perspectiva, la educación deja de ser únicamente un requisito académico para convertirse en una herramienta de crecimiento profesional. La experiencia y el conocimiento formal no compiten entre sí; por el contrario, se enriquecen mutuamente.

El pedagogo brasileño Paulo Freire entendía la educación como una práctica de libertad, capaz de desarrollar una mirada crítica sobre la realidad. Esa idea adquiere especial vigencia cuando profesionales con trayectorias consolidadas regresan a las aulas para ampliar sus capacidades frente a un entorno cada vez más cambiante.

Su recorrido incorpora además una dimensión cultural. Como intérprete vinculada a la difusión de la herencia afrodescendiente panameña, su experiencia confirma que la identidad no permanece inmóvil, sino que se construye y resignifica continuamente. Tal como planteó el teórico cultural Stuart Hall, la identidad es un proceso permanente de construcción atravesado por la historia y la representación.

Existe también una lectura generacional. Regresar a la universidad después de los cincuenta años cuestiona la idea de que el aprendizaje tiene fecha de vencimiento. Al afirmar que nunca debemos permitir que la edad o las circunstancias limiten nuestros sueños, plantea una visión del conocimiento como un proceso continuo de crecimiento y reinvención.

En una época marcada por la inteligencia artificial y la evolución de las industrias creativas, volver a las aulas representa una decisión estratégica para quienes entienden que la experiencia necesita dialogar con nuevos saberes.

Más allá de los escenarios y los reconocimientos, su recorrido demuestra que la educación no representa un punto de llegada, sino una actitud permanente frente al conocimiento. En un mundo donde la creatividad y la innovación dependen cada vez más del aprendizaje continuo, seguir estudiando constituye también una forma de liderazgo cultural.