Eleanor the Great: la vejez y el derecho al reconocimiento

Vie, 10/07/2026 - 19:14
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

 

eleanor the great
Foto: Imdb.com

 

Durante décadas, el cine ha envejecido mal a sus personajes mayores. Los relegó a ser personajes entrañables por su sabiduría, viejitos irónicos o simples figuras decorativas. Hoy, cada vez más, la vejez ocupa un lugar protagónico en relatos más complejos.

Eleanor the Great, el debut como directora de Scarlett Johansson (disponible en HBO), es un buen ejemplo. La película mezcla humor, duelo y contradicciones profundamente humanas. Y la gran responsable de que funcione es su protagonista, June Squibb.

A sus 96 años, ella atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera, demostrando que al talento no se le pone sticker de fecha de vencimiento.

En Nebraska, de Alexander Payne interpretó magistralmente a Kate Grant, una mujer sarcástica, mordaz y políticamente incorrecta, capaz de decir verdades incómodas con una naturalidad que desarma a cualquiera. Después la vimos en Thelma, una entrañable aventura de acción otoñal junto al eterno Shaft, Richard Roundtree. Allí interpreta a una mujer obstinada, valiente y divertida que conquista al espectador porque entendemos sus motivaciones, incluso cuando se equivoca.

En Eleanor the Great, dirigida por Scarlett Johansson, Squibb enfrenta otro gran desafío interpretativo. Da vida a una mujer que intenta reconstruirse tras la muerte de su mejor amiga y lo hace a partir de una mentira que termina involucrando y afectando a personas emocionalmente vulnerables.

Muchas películas contemporáneas utilizan la mentira como motor del conflicto. Es un recurso narrativo clásico que conduce a la revelación final y a la catarsis. Desde esa perspectiva, Eleanor the Great no propone un camino nuevo y, por momentos, su desarrollo resulta previsible. Pero lo interesante en esta cinta es que Eleanor miente para llenar un vacío emocional, recuperar su lugar en el mundo y sentir que todavía pertenece a algo. Claro está, ello no justifica su conducta, pero sí hace al personaje profundamente comprensible.

Quizás allí reside el mayor acierto de la película. Eleanor no necesita ser simpática para resultar interesante. Su edad tampoco debería convertirla automáticamente en objeto de indulgencia. Las personas mayores, como cualquiera, pueden ser generosas, egoístas, manipuladoras, nobles o contradictorias, pues la vejez no concede ningún grado de superioridad moral.

Eleanor the Great deja una idea poderosa: la vida significativa no pertenece únicamente a los jóvenes. Incluso después de una pérdida profunda todavía es posible comenzar otra etapa, construir nuevas relaciones y descubrir aspectos desconocidos de uno mismo. En el fondo, la película reivindica el derecho al reconocimiento: el de seguir siendo vistos, escuchados y valorados cuando la sociedad suele asumir que la vejez ya ha dicho su última palabra.

Por ello, la interpretación de June Squibb, llena de matices, sostiene un personaje moralmente ambiguo que, en manos menos talentosas, habría resultado difícil de creer.

Al final, la película habla del duelo, de la identidad y de esa necesidad profundamente humana de ser escuchados. También recuerda algo que el mejor cine empieza a comprender: las mejores historias no terminan cuando aparecen las canas. Muchas veces, apenas comienzan.