Carmen Guevara C.

Hubo un tiempo en que el futuro inspiraba esperanza. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el cine —al igual que la literatura, las artes plásticas y la música— imaginó un mañana marcado por el progreso científico, la conquista del espacio, la emancipación social y la confianza en que la humanidad avanzaba hacia un destino mejor.
Ese imaginario optimista parece haber quedado atrás. En su investigación El futuro como caos: hacia la construcción de imaginarios sociales distópicos en el cine de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI (Della Ceca, 2023), el autor analiza cómo el cine contemporáneo ha desplazado las visiones esperanzadoras del porvenir para representar futuros marcados por la incertidumbre, el autoritarismo, las crisis y el miedo.
En la actualidad, el séptimo arte refleja un cambio profundo en la manera de concebir el porvenir: el futuro ya no aparece como una promesa, sino como una amenaza. Las pantallas se llenan de historias atravesadas por el colapso ambiental, la vigilancia masiva, la precarización económica, las guerras, la crisis energética, la inteligencia artificial descontrolada y los crecientes problemas de salud mental.

El miedo se convirtió en uno de los grandes motores de la creación contemporánea. Por eso proliferan los relatos apocalípticos, los thrillers tecnológicos (películas de suspenso) y los trues crime (series basadas en crímenes reales) géneros que dialogan con las incertidumbres de una sociedad que, paradójicamente, atraviesa uno de los períodos de mayor bienestar material de la historia, pero vive con una profunda sensación de fragilidad frente al futuro.
Como señala un artículo de la web de lavanguardia.com, lejos de ser una simple tendencia comercial, esta transformación revela una mutación cultural: el cine funciona como un espejo de los temores colectivos y traduce en imágenes las preocupaciones de una época marcada por la crisis climática, los conflictos geopolíticos y la aceleración tecnológica.
Las nuevas producciones audiovisuales no solo entretienen: también advierten, cuestionan y ponen en escena los dilemas de nuestro tiempo. En ese sentido, la sociedad ficticia e indeseable caracterizada por la opresión, el control totalitario, la desigualdad extrema o el colapso ecológico actual ya no son ejercicios de imaginación lejana, sino metáforas de problemas que comienzan a formar parte de la vida cotidiana.
Este panorama invita a recorrer un mapa cinematográfico de la incertidumbre contemporánea, donde cada historia expone una faceta distinta de nuestro propio apocalipsis. Porque, más que imaginar el fin del mundo, el cine de hoy parece preguntarse cómo aprender a vivir en medio de él.